X
  1. Vandal Random
  2. Noticias
  3. África exporta un pez para terraformar lagos y provoca desastres naturales embalses: hasta 13.000 millones de euros en pérdidas

África exporta un pez para terraformar lagos y provoca desastres naturales embalses: hasta 13.000 millones de euros en pérdidas

La especie se ha movido con una escala que pocas pueden igualar: está entre los peces más importantes de la acuicultura mundial y su expansión se apoya en comercio, genética y logística global.

La tilapia del Nilo (Oreochromis niloticus) nació en África con una "marca" perfecta para el comercio global: crece rápido, aguanta condiciones duras y convierte pienso en kilos de pescado a un precio competitivo. El problema empieza cuando ese éxito deja la jaula y entra en el lago. Ahí, lo que parecía una historia de acuicultura se transforma en una de hidráulica y ecología aplicada: un pez capaz de reescribir, poco a poco, cómo circulan la luz, los nutrientes y la vida en embalses y lagunas. Y cuando eso ocurre en masas de agua que sostienen riego, turismo, pesca local o abastecimiento, el golpe puede acabar traduciéndose en dinero real. En la UE, por ejemplo, la Comisión Europea sitúa el impacto económico anual de las especies invasoras en torno a 12.000 millones de euros, una cifra que en titulares suele redondearse hacia ese "orden de 13.000 millones" que ya suena a factura estructural.

La "terraformación" de la que habla el titular no es magia: es comportamiento. La tilapia prefiere aguas someras y, al reproducirse, excava nidos y defiende territorio; esa actividad, multiplicada por densidades altas, funciona como un arado subacuático que remueve sedimentos y vuelve a poner en circulación partículas y nutrientes que estaban enterrados. En experimentos clásicos con cultivos de tilapia ya se midió ese pulso constante de sedimentación y resuspensión ligado a la biomasa del pez, con tasas que se disparan a medida que el sistema se llena de materia orgánica en suspensión.

La mecánica de la turbidez

Cuando el fondo deja de ser "archivo" y se convierte en cinta transportadora, la consecuencia inmediata es óptica y química. En un estudio de mesocosmos, la presencia de tilapia se asoció con aumentos de nitrógeno total y disuelto, amonio y sólidos en suspensión, además de cambios en la estructura del fitoplancton: más turbidez, menos transparencia y un lago más proclive a desplazarse hacia estados degradados.

En embalses, el cóctel se refuerza por una vía adicional: la propia acuicultura en jaulas. No solo es el pez; es el sistema. Los balances de nutrientes muestran que una parte relevante del nitrógeno y el fósforo del alimento no termina en el filete, sino en el agua y el sedimento, alimentando una carga que el ecosistema debe "diluir" o pagar en forma de eutrofización. En la literatura técnica, esa relación entre producción intensiva de tilapia y deterioro de calidad del agua aparece como una preocupación recurrente, precisamente porque el método se conecta directamente con aguas abiertas.

Del agua verde al riesgo sanitario

Y aquí llega la parte que más se parece a un "desastre" en embalses: la pérdida de claridad no es solo estética. Menos luz significa menos macrófitos sumergidos —las praderas que fijan sedimentos, amortiguan oleaje y dan refugio—; cuando retroceden, el sistema se simplifica y favorece especies tolerantes a condiciones pobres. Ese empobrecimiento estructural puede ir de la mano de reordenaciones tróficas: hay trabajos que describen cómo la invasión de tilapia altera cadenas alimentarias y acorta redes de interacción en comunidades nativas.

El escalón sanitario aparece cuando el exceso de nutrientes facilita floraciones, incluidas cianobacterias. La OMS recuerda que prevenir y gestionar estos blooms en lagos, ríos y embalses es clave para proteger la salud, porque algunas cianobacterias producen toxinas y los riesgos se cuelan tanto por el agua de consumo como por usos recreativos. En otras palabras: lo que empieza como turbidez y "agua verde" puede terminar en cierres, tratamientos más caros y pérdida de confianza en el recurso.

Escala global y choque político

¿Por qué esta historia se repite en tantos mapas? Porque la especie se ha movido con una escala que pocas pueden igualar: está entre los peces más importantes de la acuicultura mundial y su expansión se apoya en comercio, genética y logística global. La IUCN/Global Invasive Species Database subraya su tolerancia ambiental, su reproducción frecuente y su peso como especie de cultivo; y la FAO la trata como una referencia central de la acuicultura contemporánea. En Brasil, la magnitud se ve en números: el Anuario PeixeBR cifra la producción de 2024 en 662.230 toneladas de tilapia, más de dos tercios del total nacional de peces de cultivo. Cuanto mayor es el sistema, más oportunidades hay de escape, fallos de contención o trasvases involuntarios.

La tensión entre negocio y conservación ya es política. El ICMBio publicó en 2025 una lista oficial de exóticas invasoras registradas en unidades de conservación federales y destaca que la tilapia del Nilo, introducida para acuicultura, figura como amenaza registrada en decenas de áreas protegidas. Y cuando se intenta poner precio al problema, la contabilidad global ayuda a entender por qué el debate escala: un análisis con la base InvaCost estima que las invasiones de peces han supuesto al menos 37.080 millones de dólares a nivel mundial desde los años 60 (con enormes lagunas de reporte), es decir, que el coste real suele ser mayor que el que aparece en los balances.