Desde 2022, Starlink ha desempeñado un papel crucial, aunque discreto, en el conflicto ucraniano, actuando como un "internet táctico" que facilita la coordinación de drones, la conexión de sensores y tiradores, y el mantenimiento de sistemas de mando y control con baja latencia y alta resiliencia. Para Kiev, Starlink ha sido más que un simple servicio de comunicaciones: se ha convertido en una herramienta de guerra moderna indispensable.
Sin embargo, Rusia ha utilizado esta misma tecnología de manera no autorizada, instalando terminales en drones para extender su alcance, mejorar la precisión y reducir su vulnerabilidad a la guerra electrónica ucraniana. En las últimas semanas, SpaceX ha implementado restricciones técnicas para bloquear estos usos no autorizados, a petición y en colaboración con Ucrania.
Las consecuencias ya se están haciendo evidentes en el campo de batalla: según informes y medios internacionales, las unidades rusas han experimentado un "shock de comunicaciones", una desorganización repentina que ha afectado gravemente su coordinación táctica.
Rusia rompe el cerco de Starlink: lanza satélites propios tras el veto de Elon Musk y abre una nueva era tecnológica
La respuesta de Moscú ha sido inmediata: desplegar terminales satelitales propios para restaurar enlaces de mando y control, sostener drones y paliar la pérdida de una red civil barata y eficiente. Estos terminales, de gran tamaño y con antenas de entre 60 y 120 centímetros, dependen de las constelaciones rusas Yamal y Express, sistemas diseñados originalmente para telecomunicaciones nacionales y ahora reorientados al uso militar.
El impacto táctico es evidente: los drones rusos pierden eficacia en misiones de reconocimiento y ataque de largo alcance. La fragmentación del mando obliga a tomar decisiones más autónomas o a centralizar el control, con repercusiones en la sincronización y la velocidad de reacción. La medida de SpaceX reaviva el debate estratégico: la privatización de infraestructuras críticas en tiempos de guerra otorga a las empresas corporativas un poder de veto sin precedentes, transformando servicios como Starlink en auténticas "armas estratégicas".
Este conflicto pone de manifiesto que la guerra moderna no se limita a las armas convencionales; también se decide en las redes satelitales y en las decisiones empresariales que inclinan la balanza en el campo de batalla.