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Fecha de lanzamiento:
PC:
FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Dope Games
Producción: Merge Games
Distribución: Steam
Precio: 20.99 €
Jugadores: 1
Formato: Descarga
Textos: Español
Voces: -
Online: -
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Carátula Definitely Not Fried Chicken

Información del juego

A la venta en España: 29/9/2023

Definitely Not Fried Chicken es un videojuego de simulación y gestión de negocios con un marcado tono satírico, desarrollado por el estudio Dope Games y publicado por Merge Games. Lanzado en acceso anticipado en enero de 2023 y con versión completa en septiembre de 2023 para PC a través de Steam, el juego propone construir un imperio de drogas ilegales camuflado tras una cadena de negocios “respetables”, como restaurantes de pollo frito y otros comercios aparentemente inocentes. Ambientado en una ciudad soleada de estética años 80, mezcla la gestión clásica de un tycoon con humor negro y una visión cínica del capitalismo criminal.

Resumen

En Definitely Not Fried Chicken, el jugador comienza como un emprendedor que, teóricamente, iba a dedicar su talento a un negocio legítimo de pollo frito, pero acaba tirándose de lleno al crimen organizado para maximizar beneficios. La premisa es expandir un complejo de drogas desde cero: comprar parcelas, construir laboratorios, granjas y almacenes, diseñar líneas de producción completas y establecer rutas de distribución que conecten los centros de fabricación con la red de tiendas de fachada. La clave está en gestionar simultáneamente la parte legal del negocio —las tiendas de comida rápida o lavanderías, por ejemplo— y la parte ilegal —producción de marihuana, cocaína y metanfetamina— sin que una destruya a la otra ni llame demasiado la atención.

La jugabilidad combina varias capas de gestión. Por un lado, hay que diseñar los edificios: construir salas, colocar equipamiento, baños, salas de descanso, zonas de almacenamiento y sistemas de seguridad en un editor por habitaciones y objetos, decidiendo cómo se distribuye el flujo de trabajadores y mercancías. Por otro, se gestiona el personal: contratar empleados de cocina, técnicos de laboratorio, limpiadores, repartidores y guardias, asignarles horarios, salarios y tareas, y cuidar de su bienestar para evitar problemas de productividad o accidentes que puedan arruinar la operación. A ello se suma la logística de distribución: furgonetas, scooters y rutas que llevan la droga desde el complejo hasta los puntos de venta, algo que puede convertirse en un cuello de botella si no se planifica bien, dejando al jugador viendo cómo el almacén se llena mientras el dinero no entra por la lentitud de los repartidores.

La parte ilegal del negocio no se limita a “producir más”; el juego permite investigar y desarrollar nuevas variedades de narcóticos y mejorar su calidad, incrementando beneficios pero también complicando la cadena de producción. Se puede subir de nivel la hierba en varios tiers, desbloquear metanfetamina y otros productos, cada uno con requerimientos de infraestructuras y equipamiento específicos, que obligan a rediseñar laboratorios y optimizar el uso del espacio. Al mismo tiempo, la ciudad se llena de clientes y rivales: ciertos eventos pueden desencadenar ataques, como grupos armados que asaltan las instalaciones y masacran trabajadores, obligando a invertir en defensas, guardias y refuerzos estructurales para proteger la inversión.

Los negocios “legítimos” constituyen la otra cara del diseño. Cadenas de pollo frito y otros comercios actúan como frentes que generan ingresos legales, lavan parte del dinero sucio y proveen una fachada creíble ante las autoridades. Cada local tiene su propio público, gustos y necesidades; es necesario mantenerlo limpio, bien abastecido y con suficiente personal para que funcione sin problemas, ya que un mal servicio puede reducir ingresos y, en el largo plazo, comprometer la estabilidad financiera del imperio. Esto crea una tensión interesante: mientras se intenta optimizar la producción de drogas, también hay que cuidar detalles aparentemente mundanos, como baños funcionales, decoración o publicidad, para mantener la fachada en pie.

Visualmente, Definitely Not Fried Chicken apuesta por un estilo isométrico pixel art colorido, con un alto nivel de detalle para edificios, calles y vehículos, evocando una ciudad viva de estética ochentera. Las animaciones de empleados trabajando, repartidores moviéndose por la ciudad y clientes entrando y saliendo de los locales aportan sensación de actividad constante, mientras que efectos de iluminación nocturna y tráfico refuerzan el ambiente urbano y decadente. En el apartado sonoro, la música encaja con el tono ligero‑criminal del juego y los efectos acompañan bien la acción, aunque algunos jugadores señalan que ciertos sonidos repetitivos, como el corte constante de hierba, pueden volverse molestos durante sesiones largas.

En cuanto a la recepción, Definitely Not Fried Chicken ha generado opiniones mixtas, especialmente durante su fase de acceso anticipado. Por un lado, se valora positivamente la premisa original —un tycoon de drogas con humor negro y estética ochentera— y el potencial de profundidad en la gestión de cadenas de producción, personal y frentes legales. Por otro, varias reseñas y usuarios critican problemas de equilibrio, una curva de aprendizaje algo abrupta, ciertos aspectos de interfaz poco claros y tiempos de espera excesivos en la distribución, que obligan a dejar el juego corriendo mientras se completan pedidos. A pesar de esas carencias, dentro del nicho de simuladores de gestión con temática adulta y satírica, Definitely Not Fried Chicken se percibe como una propuesta singular, capaz de ofrecer muchas horas de experimentación a quienes aceptan sus asperezas y disfrutan optimizando un imperio criminal disfrazado de franquicia de comida rápida.

Imágenes

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