En pleno debate sobre las redes sociales en Europa y con el avance de estudios médicos que afirman hay que moderar su uso, un acuerdo millonario acaba de sacudir todo el mercado. Hablamos de un acuerdo que podría alcanzar los 1100 millones de dólares y que reposiciona a Khaby Lame, el influencer más seguido del planeta, como un activo corporativo con objetivos claros, gobernanza y potencial de escalabilidad.
Suena extraño, pero no se trata de un simple contrato. Los expertos afirman que se trata de una ambiciosa transacción empresarial que convierte su imagen en un recurso explotable, dando luz verde a un gemelo digital que operará en producciones automatizadas. La gran pregunta es, ¿cuánto tardarán otros creadores de contenido e infuencers en dar el mismo paso?
Uno de los influencers más importantes acaba de firmar un ambicioso proyecto de IA: tendrá un clon digital a perpetuidad y desata un debate ético
Khaby Lame, creador italo-senegalés conocido por sus gestos icónicos y silenciosos, señalando lo evidente, dejará de ser únicamente un rostro humano en TikTok. Su presencia en redes y vídeos, siguiendo lo estipulado en el contrato, ahora se fragmentará y multiplicará. Tendrá versiones de su "yo digital" pueden actuar en distintos idiomas, zonas horarias y contextos culturales, generando contenido sin que él tenga que estar físicamente presente.
El comprador de los derechos de imagen de Lame, Rich Sparkle Holdings, empresa con sede en Dubái y con cotización bursátil en Estados Unidos, estructuró un pago mediante intercambio de acciones. Así, Khaby no solo recibe una compensación económica, sino que pasa a ser accionista relevante del conglomerado, vinculando su reputación y resultados al desempeño corporativo. Este swap de acciones cambia la dinámica de este tipo de contratos especiales, pues ya no se trata de campañas aisladas, sino de un flujo operativo continuo, con objetivos claros y expansión planificada.
El acuerdo incluye la concesión de licencias de imagen, la operación de comercio electrónico, contratos publicitarios y logística global. La pieza más sensible es el gemelo digital, que es lo que ha acaparado todos los titulares. Se trata de una réplica que reproduce su rostro, voz y gestos para generar contenido adaptado automáticamente a distintos mercados. Más allá del dinero, el pacto redefine la relación entre identidad y producto.
En un debate más profundo, los límites éticos, la autoría y la transparencia emergen como elementos centrales en esta operación, ya que el contenido puede parecer real, pero no necesariamente lo es. El acuerdo de Khaby Lame marca un antes y un después: un influencer se transforma en infraestructura de marketing, donde la inteligencia artificial, la propiedad intelectual y la gobernanza corporativa determinan lo que antes solo dependía de la presencia humana.