Las grandes minas subterráneas de potasio de Rusia figuran entre las obras de ingeniería más descomunales jamás excavadas por el ser humano sin finalidad urbana ni residencial. Así lo recogen informes técnicos del sector de los fertilizantes, estudios geológicos rusos y la documentación histórica de proyectos mineros en Europa del Este. Son infraestructuras invisibles, ocultas bajo los campos, bosques e incluso ciudades, concebidas para operar durante décadas en un entorno geomecánico especialmente inestable.
Rusia excava a cientos de metros bajo tierra para levantar ciudades subterráneas y extraer su gigantesco yacimiento de potasio
Lejos de limitarse a pozos verticales y túneles aislados, estos complejos forman redes extensísimas de galerías excavadas en roca evaporítica. Cada metro abierto y cada galería, se calcula con precisión milimétrica, pues un error puede desencadenar colosales derrumbes progresivos capaces de afectar áreas enteras en superficie.
Los principales yacimientos explotados se concentran en la región de los Urales, especialmente en la cuenca de Verkhnekamsk, una de las mayores reservas de sales potásicas del planeta. Allí, el mineral se encuentra enterrado entre 300 y 500 metros bajo capas de sedimentos, arcillas y sal, lo que obliga a desarrollar soluciones técnicas de gran escala.
A diferencia de las minas metálicas, donde el recurso suele localizarse en puntos concretos, los depósitos de potasio se extienden horizontalmente durante kilómetros. Esto fuerza a seguir el mineral lateralmente, creando un entorno subterráneo que crece como una ciudad plana y no como un rascacielos invertido. Con el paso de las décadas, cada complejo acumula cientos de kilómetros de túneles interconectados por corredores principales, rutas de transporte, zonas técnicas y sistemas de ventilación, formando una red comparable a la de un gran metro urbano.
Muchas de estas galerías tienen dimensiones suficientes para el tránsito de maquinaria pesada. Es bastante común encontrarnos con galerías inmensas llenas de cintas transportadoras, locomotoras subterráneas y vehículos de mantenimiento convierten el subsuelo en una auténtica red logística industrial.
El método predominante es el de cámara y pilar: se extrae gran parte del mineral, pero se dejan enormes pilares de roca intacta para sostener el techo. En Rusia, estos pilares alcanzan tamaños colosales, equivalentes a manzanas urbanas completas, calculados mediante modelos geotécnicos que tienen en cuenta el peso de la sobrecarga, la fluencia de la sal y el riesgo de deformación a largo plazo. Como decimos, cualquier error puede acabar con un derrumbe generalizado.
El desafío añadido es que la sal no es una roca rígida. Se comporta de forma plástica, deformándose lentamente con el tiempo. Por eso, incluso tras la excavación, las minas "siguen moviéndose" y de esta manera se justifica la vigilancia es constante. Rusia despliega sensores, se realizan inspecciones cada poco tiempo, se establecen refuerzos en galerías y se ejecutan cierres progresivos en zonas para evitan fallos en cadena que podrían tener consecuencias graves.
Todo este esfuerzo responde a una razón estratégica. El potasio es uno de los pilares de los fertilizantes modernos y la producción rusa sostiene buena parte de la agricultura mundial. Aunque no lo creamos, no solo hablamos de millones de toneladas de mineral, sino de una parte esencial de la seguridad alimentaria global.