El Señor de los Anillos marcó un antes y un después en la industria cinematográfica y en el corazón de los espectadores. La adaptación de la obra maestra de J.R.R. Tolkien, un libro atemporal y una pieza literaria irrepetible, conquistó a propios y extraños.
Si bien algunos creyeron que no estuvieron a la altura de la construcción fantástica del Profesor, muchos aplaudieron el arrojo técnico de Peter Jackson y los suyos, que desde Nueva Zelanda, y gracias al trabajo de Weta, trasladaron el rico universo de la Tierra Media a la gran pantalla. Por eso, cuando Jackson volvió a la Tierra Media para dirigir El Hobbit: Un viaje inesperado en 2012, una de las decisiones más comentadas fue cómo mostraría a los orcos y trasgos.
A diferencia de la trilogía de El Señor de los Anillos, donde la mayor parte de estas criaturas se creó mediante maquillaje y prótesis, en El Hobbit se recurrió en gran medida a gráficos generados por ordenador. Esta elección no fue casual: surgió de la propia experiencia de Jackson y de su frustración con el aspecto de los orcos en la trilogía original.
Peter Jackson, 64, lo admite: los orcos de El Señor de los Anillos no me convencen; los de El Hobbit son impresionantes
En los comentarios de audio del Blu-ray de Un viaje inesperado, Jackson reflexiona sobre las limitaciones de entonces y cómo la tecnología actual le permitía finalmente ejecutar su visión. "Veréis más de esto en las películas dos y tres, pero he estado usando menos orcos prostéticos y más orcos digitales, y estoy realmente contento", indicaba el director.
"Estoy haciendo lo que desearía haber podido hacer hace 12 años, cuando realmente no teníamos los medios ni la tecnología para hacerlo bien en ese entonces, pero ahora sí", llegó a comentar Jackson, reconociendo que ahora podía crear orcos más fieles a lo que imaginaba. Con estas palabras, dejó claro que nunca estuvo completamente satisfecho con los orcos de El Señor de los Anillos.
A pesar de los impresionantes logros del maquillaje y las prótesis, que recibieron elogios y reconocimiento generalizados, siempre dejaban un rastro de humanidad que Jackson deseaba eliminar. Para él, el CGI ofrecía la oportunidad de transformar estas criaturas en seres más fantásticos, monstruosos y menos restringidos por las proporciones humanas.
"Creo que nuestros orcos, especialmente en las próximas dos películas, se convertirán en criaturas formidables y aterradoras en comparación con nuestras representaciones anteriores", concluyó. Esta declaración, incluida en las copias de formato doméstico de la primera película, deja claro que el objetivo no era solo hacer que los orcos parecieran más agresivos o fantásticos, sino también infundirles un aura intimidante y desprovista de rasgos humanos reconocibles.
Al combinar la tecnología digital con la captura de movimiento, el director pudo diseñar criaturas capaces de moverse, expresarse y transmitir emociones sin las limitaciones físicas del maquillaje, como se ve en el caso de Azog, el principal antagonista de las producciones cinematográficas. Para Jackson, esto finalmente representaba la oportunidad de hacer justicia a la visión que había tenido más de una década atrás, algo que hasta entonces no había sido posible.
La tecnología le permitió superar las limitaciones del pasado y dar vida a un tipo de orco que antes solo podía imaginar. Sin embargo, lo cierto es que este logro no estuvo exento de controversia. Muchos aficionados creen que al despojar de realidad a los orcos de El Señor de los Anillos, convirtiéndolos en criaturas generadas por ordenador en El Hobbit, parte de la credibilidad de la trilogía original, de lo tangible y artesanal de la adaptación realizada a comienzos de los 2000, se perdió. Sea como sea, sí, eran criaturas más amenazadoras y espectaculares en muchas de las secuencias, pero algo se quedó atrás.