Durante décadas, el negocio de la aviación comercial ha tenido dos nombres propios grabados a fuego: Boeing y Airbus. Ahora, desde Pekín, China quiere colarse en ese club ultracerrado con un plan tan ambicioso como estratégico. La estatal COMAC (Commercial Aircraft Corporation of China) no oculta su objetivo: romper el duopolio histórico y convertirse en un actor de referencia en el mercado global de los aviones comerciales.
China entra en la partida aérea con un constructor dispuesto a plantar cara a los gigantes
La pieza clave de esa ofensiva es el C919, un reactor de pasillo único concebido para competir directamente con el Airbus A320neo y el Boeing 737 MAX. Tras completar su primer vuelo internacional hasta Singapur, el mensaje de este gigante industrial es claro. Su ambicioso programa ya no se limita al mercado doméstico chino y aspira a jugar en la liga internacional, justo en un momento especialmente delicado para sus rivales occidentales.
El C919 ofrece una configuración de entre 158 y 192 asientos y una autonomía que oscila entre los 4000 y los 5500 kilómetros, cifras perfectamente alineadas con los estándares del segmento más demandado por las aerolíneas. Desde la propia COMAC subrayan que se trata del primer avión a reacción desarrollado de forma independiente por China, cumpliendo las normativas internacionales de aeronavegabilidad y con propiedad intelectual propia, un punto clave en su estrategia industrial.
Eso sí, nadie espera una disrupción inmediata. Willie Walsh, director general de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), lo resumía con cautela en declaraciones a la BBC: "COMAC será un competidor global, pero necesitará tiempo". En su previsión, dentro de una década o algo más, el mercado hablará ya de tres grandes nombres, no de dos.
El contexto juega a favor de China. Asia necesita con urgencia nuevos aviones y Boeing y Airbus acumulan retrasos cada vez más difíciles de justificar. Las listas de espera superan los siete años, una situación que frustra a las aerolíneas y deja en evidencia un problema estructural: una cadena de suministro dominada por muy pocos actores. Para muchos en la industria, COMAC no es solo una alternativa; es una necesidad.