El Gobierno de Marruecos ha decidido endurecer su política de ahorro de agua ante el agravamiento de la sequía. El Ministerio del Interior ha prohibido emplear agua potable y recursos hídricos subterráneos para el riego de campos de golf, parques urbanos y jardines públicos, una medida con la que pretende preservar las reservas destinadas al consumo de la población.
La decisión entra en vigor de manera inmediata y obliga tanto a los ayuntamientos como a los complejos turísticos a mantener sus zonas verdes únicamente con aguas residuales previamente depuradas. La iniciativa llega después de que el país haya encadenado seis años de precipitaciones muy por debajo de la media, una situación que ha reducido de forma preocupante el nivel de los embalses.
Marruecos aprieta el grifo por la sequía y elimina el uso de agua potable en parques, jardines y campos de golf
Las restricciones forman parte de un amplio plan de emergencia diseñado para garantizar el abastecimiento de agua. Entre las actuaciones previstas también figuran la reducción de la presión en las redes de distribución, interrupciones programadas del suministro durante determinadas franjas horarias y el cierre temporal de los centros dedicados al lavado de vehículos.
Las limitaciones alcanzan incluso a los tradicionales hammams, cuya actividad semanal ha sido reducida con el objetivo de disminuir el consumo de agua potable. Se trata de una medida excepcional que refleja hasta qué punto el recurso se ha convertido en un bien estratégico en un país que lleva años soportando episodios de sequía extrema.
La agricultura, responsable de consumir más del 80 % del agua disponible en Marruecos, también se enfrenta a un importante endurecimiento de las normas. El Ejecutivo ha reducido de forma significativa las dotaciones de riego y ha limitado el cultivo de especies especialmente exigentes en agua, como el aguacate o la sandía.
Con estas decisiones, las autoridades buscan recuperar las reservas de las cuencas hidrográficas más castigadas, muchas de ellas en niveles mínimos. Paralelamente, Marruecos impulsa un ambicioso programa para ampliar la desalinización de agua de mar, con el objetivo de que en 2030 alrededor del 60 % del agua potable proceda de plantas desaladoras.
El plan también contempla la construcción de grandes infraestructuras para transferir agua entre cuencas mediante las denominadas "autopistas del agua", así como la incorporación de sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar fugas en las redes de distribución y actuar de forma inmediata para reducir pérdidas.
Aunque las restricciones afectan a numerosos sectores económicos y a la vida cotidiana de la población, el Ejecutivo considera que estas medidas son imprescindibles para afrontar una crisis hídrica que amenaza con prolongarse. El objetivo es garantizar el suministro doméstico mientras el país acelera la modernización de sus infraestructuras y refuerza su capacidad para hacer frente a un clima cada vez más extremo.