Singapur ha llevado la ingeniería aeroportuaria a un nuevo nivel. Tras décadas transformando una pequeña isla en uno de los aeropuertos más admirados del planeta, el país da ahora el salto más ambicioso de su historia con la Terminal 5 de Changi.
La inversión supera los 10 mil millones de dólares, y el edificio se levanta casi por completo sobre terrenos ganados al mar, ampliando la costa este y redibujando el mapa urbano de la ciudad-Estado. Esta expansión no busca solo crecer: es un laboratorio de innovación frente a pandemias, cambio climático y la competencia global por pasajeros internacionales.
Changi T5 redefine el transporte aéreo: túneles futuristas, techo solar y capacidad para 140 millones de pasajeros
La T5 combina escala monumental con flexibilidad operativa. Sus techos curvos cubiertos de paneles solares aprovechan la luz natural, mientras que túneles de gran diámetro bajo pistas activas conectan subterminales y sistemas de transporte interno sin interrumpir vuelos. Integrada con dos líneas de metro, la terminal ofrecerá recorridos lógicos y casi sin contacto, con biometría facial y de iris para acelerar embarques y controles de seguridad.
Diseñada en tres subterminales -5A, 5B y 5C-, cada una funciona como un "barrio" interno, permitiendo aislar áreas en caso de crisis sanitaria y evitando la sensación de nave industrial. Jardines verticales, luz filtrada y espacios verdes refuerzan la imagen de Singapur como ciudad jardín desde el primer contacto del pasajero.
El proyecto Changi East, base de la T5, es en sí una hazaña de ingeniería. Desde 1998, Singapur ha vertido más de 200 millones de metros cúbicos de arena sobre arcilla marina, creando 1080 hectáreas de nuevo terreno. Compactación, vibroflotación y sondas vibratorias aseguraron que el lecho marino soportara pistas, edificios y túneles bajo operación constante.
Pese a su modernidad, la expansión tiene un coste ambiental: más del 90 % de los manglares locales desaparecieron y los arrecifes se redujeron en cerca del 60 %. Para compensarlo, la T5 incluye energía solar, recolección de agua de lluvia y sistemas de gestión de residuos, acercando al aeropuerto a sus objetivos de carbono cero.
Changi ya es un icono global, pero con 68 millones de pasajeros actuales ocupa el puesto 15 por volumen mundial. La T5 duplicará esa cifra, acercando al aeropuerto a 140 millones de viajeros y consolidándolo como megacentro aéreo de referencia, frente a Seúl, Hong Kong o Dubái.
Su construcción, prevista hasta mediados de la década de 2030, se desarrolla sin interrumpir las operaciones diarias, y promete mantener a Changi en la cúspide durante décadas: un símbolo de audacia, ingeniería y visión estratégica sobre tierra recuperada al mar.