En el acuartelamiento de Cabo Noval, en Asturias, la escena ya no parece "futurista": un perro robot baja de un blindado y entra primero en un edificio, como si fuese la avanzadilla de una patrulla. El Ejército de Tierra (España) lleva tiempo probando este tipo de sistemas, pero en las últimas semanas han vuelto a circular imágenes y detalles que aterrizan la idea en presente: la robótica ya está entrando en los entrenamientos tácticos, y no como un gadget de exhibición.
La frase que lo resume —y que se repite en distintas coberturas— es brutal por lo simple: "si hay disparos, que los reciba la máquina". Esa lógica de "poner metal donde antes iba carne" es la que empuja estos ensayos: reconocimiento urbano, entrada en zonas inciertas, inspección de riesgos… tareas donde ganar un par de minutos y evitar exponer a un soldado cambia el tablero. Y, por lo que se cuenta, el perro robot no va solo por una foto: se está evaluando su estabilidad, movilidad y utilidad real en escenarios complejos.
Metal por delante, humanos detrás
Detrás de esa parte "cinematográfica" hay ingeniería asturiana. Alisys aparece como el socio que pone el software y la capa de control (gestión, comunicaciones, supervisión) para que el robot deje de ser un cuerpo caro con patas y se convierta en una herramienta. La compañía lleva años moviéndose en el cruce entre seguridad, robótica y flotas de sistemas, y su alianza con Ghost Robotics se presentó precisamente con esa ambición: desplegar y adaptar estas plataformas en Europa, con planes industriales en Asturias.
Lo interesante —y lo que marca la diferencia respecto al "perro con fusil" como titular fácil— es el salto a la coordinación: no un robot suelto, sino varios elementos a la vez. En entrenamientos con La Legión (España), el enfoque descrito consiste en operar un conjunto con un único puesto de mando: un cuadrúpedo terrestre, otro vehículo terrestre y un dron aéreo, cada uno aportando una parte de la "conciencia situacional". El dron mira más lejos y más alto; los terrestres hacen el trabajo sucio a ras de suelo.
Robots en paquete y guerra como datos
Esto encaja con una tendencia que ya se está viendo fuera: ejércitos que prueban UGVs (vehículos terrestres no tripulados), drones y sensores en paquetes combinados, porque la guerra moderna se ha vuelto un problema de datos, visibilidad y decisión rápida. La promesa es clara: más información, más precisión, menos exposición directa. El miedo también: que la escalada tecnológica normalice entornos donde todo se vigila, todo se automatiza y el humano queda más lejos del riesgo… y, a veces, también de la responsabilidad emocional de apretar el gatillo.