El 29 de septiembre de 1957, mientras el mundo miraba a otro lado y la Guerra Fría marcaba el ritmo de la historia, la Unión Soviética sufrió uno de los accidentes nucleares más graves jamás registrados. No ocurrió en una central civil ni dejó imágenes icónicas: sucedió en Mayak, un complejo ultrasecreto dedicado a la producción de plutonio militar, y pasó a la historia con el nombre de desastre de Kyshtym, tomado de la ciudad más cercana que figuraba en los mapas.
El desastre nuclear silenciado de Rusia que contaminó 23 ciudades y salió a la luz 30 años después: Mayak, nivel INES-6
A diferencia de Chernóbil, que décadas después conmocionaría al planeta con helicópteros, sarcófagos y evacuaciones televisadas, Kyshtym fue borrado del relato oficial. Durante años, simplemente no existió. Solo el trabajo posterior de científicos e investigadores permitió reconstruir lo ocurrido y medir su verdadera dimensión.
El origen del desastre fue tan prosaico como letal. Un tanque de almacenamiento de residuos altamente radiactivos, resultado directo del procesamiento de plutonio, perdió su sistema de refrigeración. Durante meses, la temperatura aumentó sin control hasta que la mezcla química se descompuso y provocó una explosión masiva no nuclear. El estallido liberó entre 70 y 80 toneladas de material radiactivo, que se dispersaron por la atmósfera formando una nube que recorrió cientos de kilómetros.
Así nació la llamada Traza Radiactiva de los Urales Orientales, un corredor invisible de contaminación que atravesó pueblos, ríos y campos de cultivo. 23 ciudades y asentamientos quedaron expuestos sin previo aviso. No hubo sirenas ni comunicados: la respuesta soviética fue el silencio. Días después, comenzaron evacuaciones discretas. A algunos habitantes se les ordenó marcharse de inmediato; otros permanecieron, ignorantes del peligro.
Los archivos abiertos décadas más tarde revelaron que al menos 270 personas fueron desplazadas o afectadas directamente. Muchas solo comprendieron lo ocurrido años después, cuando empezaron a multiplicarse los casos de cáncer, enfermedades hematológicas y dolencias asociadas a la exposición prolongada a la radiación.
Con el tiempo, los análisis internacionales situaron a Kyshtym en nivel 6 de la escala INES, por encima de Three Mile Island y solo por debajo de Chernóbil y Fukushima. La clasificación no responde a un solo factor, sino a la suma de contaminación ambiental persistente, liberación atmosférica masiva y desplazamiento humano. Hoy, parte de la zona sigue restringida bajo la apariencia de reserva científica. Los isótopos aún están ahí, y también la paradoja: ecosistemas que prosperan sobre un suelo marcado por la radiación.