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Confirmado, la IA de OpenAI no es rentable: la empresa perderá 14.000 millones de euros en 2026 y se quedará sin dinero en 2027

Si no pueden conseguir otra ronda de financiación, OpenAI podría quedarse sin dinero en un año.

OpenAI ha conseguido lo que muy pocas tecnológicas logran: convertir un producto experimental en un hábito masivo. ChatGPT ya ronda los 800 millones de usuarios activos semanales, según cifras citadas en información reciente, y esa escala lo ha colocado en el centro de la carrera por la IA generativa. Pero la popularidad tiene un reverso poco glamuroso: cada conversación cuesta dinero en cómputo, y el salto de "modelo" a "infraestructura global" se paga en electricidad, chips, centros de datos y facturas de nube.

Ahí es donde el relato empieza a oler a números rojos. Proyecciones financieras divulgadas en medios internacionales apuntan a que OpenAI seguiría quemando caja durante años, con pérdidas acumuladas muy elevadas y un gasto anual que, si crece al ritmo estimado, obliga a financiarse de forma constante. En concreto, se proyecta que perderá 14.000 millones de dólares solo en 2026. En esos escenarios, la pregunta no es tanto si "se acaba el dinero" en una fecha exacta, sino cuánto capital hay que levantar para sostener el ritmo antes de que el mercado cierre el grifo.

El muro de los centros de datos

El problema es sistémico: la industria está chocando con un cuello de botella físico. Bain, por ejemplo, advertía de una brecha enorme entre la demanda de cómputo para IA y la capacidad real de centros de datos, con un desfase que puede convertirse en un "agujero" de cientos de miles de millones si no se invierte a lo bestia. Y en paralelo, el propio Altman ha alimentado la idea de que hacen falta cifras casi "geológicas" para levantar la infraestructura: Reuters recogió estimaciones de hasta 1,4 billones de dólares en inversiones de centros de datos y semiconductores a varios años vista.

Con ese contexto, la monetización deja de ser un debate filosófico y se vuelve supervivencia operativa. OpenAI está empujando nuevas vías: además de suscripciones, prepara publicidad en ChatGPT para usuarios del plan gratuito y el nivel "Go" en EE. UU., manteniendo sin anuncios los planes Plus/Pro/Business/Enterprise, según comunicó Fidji Simo. Es un giro importante: si el producto es una ventana conversacional, la tentación es convertirla en escaparate… pero con la promesa explícita de que el anuncio no toque la respuesta.

Monetizar sin romper la confianza

El riesgo es doble. Por un lado, está la confianza: en IA, el usuario no "lee resultados", delega decisiones. Y eso hace que cualquier incentivo comercial parezca más delicado que en un buscador clásico. Por otro, está la economía dura: incluso con anuncios, la cuenta solo cuadra si se reduce el coste por respuesta (chips más eficientes, mejores sistemas de inferencia, caches, modelos más pequeños cuando basta) y si la demanda no se dispara hasta comerse el ahorro —un efecto parecido al "más eficiente, más uso".

Así que, más que una burbuja a punto de estallar mañana, lo que se ve es una industria intentando aprender a vivir con su propia popularidad: crecer sin perder el control del gasto, monetizar sin erosionar credibilidad y, sobre todo, construir infraestructura antes de que la falta de capacidad frene el negocio. Si OpenAI está "en peligro" no es por falta de usuarios; es por lo que cuesta cuidar a tantos, tantas veces, cada semana.