Durante más de un siglo y medio, los prototaxites han sido uno de esos fósiles incómodos que no encajaban en ningún cajón conocido. Eran demasiado grandes para su tiempo, demasiado extraños para cualquier clasificación clásica y demasiado antiguos para parecerse a algo familiar.
Ahora, un nuevo estudio publicado en Science Advances ha puesto fin a ese desconcierto histórico: aquellas gigantescas estructuras que poblaban la Tierra hace unos 400 millones de años no eran plantas, ni hongos, ni animales. Eran algo completamente distinto. Un linaje eucariota hoy desaparecido que no dejó descendencia conocida.
Científicos sacan a la luz una especie extinta de ocho metros que vivió en la Tierra hace 400 millones de años
La investigación, liderada por Corentin Loron junto a un equipo internacional de científicos, se centra en Prototaxites taiti, una de las especies mejor conservadas de este grupo enigmático. La conclusión es clara y rotunda: no se trataba de un hongo colosal, como se defendió durante décadas, sino de una rama perdida del árbol de la vida, extinguida sin dejar rastro genético en los organismos actuales. Con ello se cierra uno de los debates más antiguos de la paleontología moderna, abierto desde mediados del siglo XIX.
Para entender la magnitud del hallazgo hay que viajar al Devónico temprano, una Tierra irreconocible, donde la vida comenzaba tímidamente a colonizar los continentes. En ese mundo primitivo, las plantas apenas alcanzaban unos pocos centímetros de altura. Y, sin embargo, los prototaxites se alzaban como auténticos gigantes: estructuras cilíndricas que podían superar los ocho metros de longitud y rondar el metro de grosor, emergiendo del suelo como columnas naturales, sin hojas, sin ramas, sin raíces visibles.
Durante décadas se propusieron todo tipo de hipótesis para explicar su naturaleza: árboles primitivos, algas terrestres, hongos descomunales. Ninguna terminaba de sostenerse. El nuevo estudio aporta la pieza que faltaba gracias al análisis de fósiles excepcionalmente bien preservados hallados en Rhynie, Escocia, uno de los yacimientos más importantes para comprender la vida terrestre temprana. Mediante técnicas microscópicas y químicas, el equipo identificó una arquitectura interna basada en complejos sistemas de tubos y tejidos que no coincide con ningún grupo biológico conocido.
Según los autores, los prototaxites representan una rama evolutiva completamente extinguida, lo que obliga a replantear cómo eran los ecosistemas terrestres primitivos. Lejos de estar dominados únicamente por pequeños vegetales y microorganismos, esos paisajes pudieron albergar gigantes biológicos mucho antes de la aparición de los árboles tal y como los conocemos.
La importancia del descubrimiento va más allá de poner nombre a un fósil extraño. Cambia nuestra comprensión de la colonización de la tierra firme, desmonta la idea de que los hongos fueron los primeros grandes organismos dominantes y añade un linaje entero a la historia de la vida en la Tierra. Casi nada.