En las últimas semanas, las redes sociales se han llenado de afirmaciones sobre supuestas armas chinas "imposibles", entre ellas un misil capaz de recorrer 15.000 kilómetros en apenas media hora y transportar hasta diez ojivas nucleares, y un llamado "láser de 1 dólar" que destruiría equipos electrónicos de alto valor. La narrativa, llamativa y sensacionalista, ha generado alarma, aunque conviene separar la ficción de los datos confirmados.
El protagonista de estas historias es el DF-41, un misil balístico intercontinental chino que, según los informes públicos, puede portar múltiples ojivas independientes. Esta tecnología, conocida como MIRV, hace que cualquier intento de interceptación se vuelva más complejo y costoso. Sin embargo, mientras los medios virales presentan estas capacidades como operativas y definitivas, los expertos recuerdan que la información disponible es todavía estimativa, con márgenes de incertidumbre sobre alcance, número de ojivas y tiempos de vuelo.
China desarrolla el DF-41, un misil "imposible" con láser y hasta 10 ojivas nucleares que redefine el equilibrio militar global
El DF-41 utiliza combustible sólido y puede lanzarse tanto desde silos como desde plataformas móviles, una característica estratégica que complica su seguimiento. Los sistemas móviles permiten cambiar de ubicación, dispersando el misil y reduciendo la vulnerabilidad a ataques preventivos.
China también ha invertido en la construcción de nuevos campos de silos, reforzando su componente terrestre y diversificando sus opciones de lanzamiento. Esta combinación de movilidad e infraestructura fija transforma la percepción de la distancia geográfica como factor de seguridad y refuerza la complejidad del equilibrio nuclear global. Detener misiles como el DF-41 exige inversiones multimillonarias en sistemas antimisiles capaces de rastrear múltiples objetivos y contramedidas. El desafío técnico y económico es enorme, pues incluso un solo vector con varias ojivas independientes multiplica la dificultad de interceptación, lo que explica el interés y la preocupación de analistas internacionales.
En cuanto al supuesto "láser de 1 dólar", no existen datos públicos que confirmen su existencia ni pruebas de su efectividad. Si bien es cierto que la guerra pasa por el uso de la tecnología en este campo y las armas de energía dirigida se estudian en círculos militares y académicos, los detalles técnicos, los supuestos fabricantes y demostraciones confiables en este aspecto brillan por su ausencia.
En conjunto, estas narrativas virales revelan un hecho real: China acelera la modernización de su arsenal estratégico. La diferencia entre potencial técnico y capacidad plenamente operativa marca la línea entre alarma y realidad, mientras el mundo observa cómo se reconfigura el tablero de la disuasión nuclear global.