La predicción oficial al final del ciclo solar anterior, en 2019, era clara: el siguiente ciclo sería tan moderado como el anterior. Sin embargo, la realidad ha sorprendido a los científicos. El actual Ciclo Solar 25 ha resultado ser mucho más fuerte de lo anticipado por NASA y NOAA, y los datos apuntan a que la actividad solar ha seguido una trayectoria ascendente desde 2008. "Todas las señales apuntaban a que el Sol entraría en una fase prolongada de baja actividad", explica Jamie Jasinski, físico de plasma del Jet Propulsion Laboratory de NASA. "Así que fue una sorpresa ver cómo esa tendencia se invertía. El Sol está despertando lentamente".
Aunque para nosotros pueda parecer una presencia constante e inmutable, el Sol es un astro dinámico y cambiante. Cada 11 años aproximadamente atraviesa un ciclo que va de un mínimo solar a un máximo, en el que se incrementan las manchas solares, las fulguraciones y las eyecciones de masa coronal. Este proceso es tan regular que los científicos han registrado ya 25 ciclos desde que se estudian sistemáticamente. Sin embargo, predecir su intensidad sigue siendo un desafío. Incluso en el pasado, el Sol ha atravesado largos periodos de calma casi total, como el Mínimo de Maunder (1645-1715) y el Mínimo de Dalton (1790-1830), en los que apenas aparecieron manchas solares.
De la calma a la actividad creciente
En las últimas décadas, las señales parecían apuntar a que nos dirigíamos hacia un evento de baja actividad prolongada. Los ciclos 22 y 23 fueron promedio en número de manchas, pero la presión del viento solar descendió de forma constante, lo que reforzó la idea de que podríamos vivir un nuevo "mínimo" comparable al de Maunder. De hecho, el Ciclo Solar 24, que comenzó en 2008, fue uno de los más débiles registrados. Todo indicaba que el 25 seguiría esa línea, pero los niveles de actividad terminaron por acercarse a los de un ciclo solar promedio, algo que desconcertó a los expertos.
Jasinski y el físico espacial Marco Velli han analizado datos solares de largo plazo y encontraron algo más intrigante: desde el inicio del Ciclo 24, el viento solar ha ido aumentando de manera sostenida en velocidad, densidad, temperatura y campo magnético. Este incremento continuo implica que podríamos estar entrando en una fase de clima espacial más extremo, con tormentas solares, eyecciones de masa coronal y vientos de mayor intensidad, capaces de afectar desde satélites y telecomunicaciones hasta redes eléctricas en la Tierra.
El ciclo de Hale y el futuro del clima espacial
Este comportamiento también parece coincidir con el llamado ciclo de Hale, un patrón de 22 años que agrupa dos ciclos solares consecutivos y que se completa cuando los polos magnéticos del Sol recuperan su orientación original. Para algunos investigadores, este ciclo más largo podría ser el verdadero "reloj" de la actividad solar, y las oscilaciones de once años serían solo la mitad de un ciclo completo.