La actriz Sydney Sweeney sigue en el centro de la polémica por el vídeo difundido por TMZ en el que aparece —de noche y con un equipo de grabación— en la zona del cartel de Hollywood, colgando una ristra de sujetadores como gancho publicitario para su proyecto de lencería. Pero en las últimas horas se ha añadido un giro: en X se ha viralizado un hilo del creador SolJakey que sostiene que la escena está "fingida" y que el acceso real al letrero habría sido prácticamente imposible sin activar la seguridad del recinto.
La versión oficial, de momento, no cambia: la Cámara de Comercio de Hollywood mantiene que no concedió licencia ni permiso a la producción y que está investigando "cómo y bajo qué autoridad" se accedió a la zona. Medios locales añaden que, por ahora, no consta denuncia que active un procedimiento por intrusión, algo clave para que el caso pase de "ruido" a trámite.
¿Acceso real o puesta en escena?
La discusión sobre si fue o no fue "de verdad" se apoya en un punto verificable: el propio ecosistema del Hollywood Sign está rodeado de restricciones y capas de control. La web oficial de permisos de rodaje avisa de forma explícita que no se puede trepar ni tocar el letrero, y que las actividades se supervisan; además, la oficina municipal de parques señala que no se permiten alteraciones físicas del cartel ni del entorno inmediato. A eso se suma que el letrero está protegido con vigilancia y medidas anti-intrusión (cámaras, vallas y sensores), un argumento que los usuarios que hablan de "montaje" están explotando a fondo.
En su tuit, SolJakey asegura que "las alarmas saltan" en cuestión de minutos al dispararse los sensores y acompaña la afirmación con material de una intervención previa en el letrero, insinuando que el vídeo de Sweeney se habría grabado con una réplica, un set o una puesta en escena que simula la proximidad al icono. Esa hipótesis, por sí sola, no está confirmada por autoridades ni por la actriz, pero sí explica por qué parte del debate se está moviendo del "delito" al "truco": si no hubo contacto real, el foco pasa a ser el uso comercial de la imagen/marca del Hollywood Sign y la cadena de permisos, no tanto el escalado físico.
El filo del marketing no convencional
Aquí entra la parte menos vistosa y más determinante: el marketing de guerrilla funciona precisamente porque coquetea con límites (legales, morales o de convivencia), y esa tensión puede disparar conversación… o volverse contra la marca si el público percibe intrusión, engaño o "teatro" diseñado para provocar indignación. La literatura académica sobre guerrilla marketing y comunicación no convencional describe ese filo: el impacto inicial puede ser alto, pero los efectos sobre confianza y percepción de marca dependen mucho de si la acción se interpreta como creativa o como manipulativa/invasiva.
Sydney Sweeney snuck up an L.A. mountain, climbed the iconic HOLLYWOOD Sign, and laced it with bras -- and she may have gotten in trouble with the law. 😳
Details: https://t.co/nM4NvOQNac pic.twitter.com/CF92E4U66I
— TMZ (@TMZ) January 26, 2026
Y hay otra capa más psicológica: cuando la audiencia detecta presión, control o trampa deliberada, es frecuente que aparezca reactancia (rechazo motivado ante una amenaza percibida a la libertad de elección), un fenómeno bien documentado en investigación sobre persuasión y publicidad, y muy conectado con conductas de evitación (pasar de largo, boicotear, hablar mal de la campaña). En paralelo, estudios sobre crisis de marca y "spillover" muestran que los líos del anunciante o del producto pueden salpicar también a la celebridad que lo encarna —y viceversa—, algo especialmente sensible si el lanzamiento (como el de una nueva marca) necesita cuidar credibilidad desde el minuto uno.