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Crítica 'Saltburn' - Barry Keoghan y Jacob Elordi se lucen en Prime Video con una perversa y absorbente película

Prime Video recibe 'Saltburn', una de las películas del año, que de la mano de la directora de 'Una joven prometedora' nos ofrece una historia perversa, sexual y retorcida llena de grandes actuaciones

En estos tiempos, en los que Hollywood recicla ideas, conceptos y prepara remakes o secuelas de las sagas que llevan acompañándonos años, Saltburn es un soplo de aire fresco pese a que sepamos o deduzcamos cuál es el inevitable final al que nos condenará y en el que desembocará su explícita trama. Lo nuevo de Emerald Fennell, autora de Una joven prometedora, es una película absorbente, perversa y retorcida que hemos podido ver en Vandal antes de su estreno en Prime Video el próximo 22 de diciembre. Os contamos qué nos ha parecido sin spoilers.

El talento de Mr. Ripley de los millennials: Saltburn es una película absorbente, tóxica y retorcida sobre polillas y aristócratas con un reparto espectacular

Saltburn, definida por muchos como una cinta inclasificable es, en realidad, una suerte de revisión de El talento de Mr. Ripley, la novela de Patricia Highsmith, de la que tantas versiones cinematográficas se han hecho en los últimos tiempos -y que pronto Netflix atacará con otra adaptación-.

Conducida por Fennell, ganadora de un premio Oscar, nos presenta una hermosa y perversa historia de privilegio y deseo, en la que Oliver Quick (Barry Keoghan), un estudiante que lucha por encontrar su lugar en la Universidad de Oxford, se ve poco a poco arrastrado al mundo del encantador y aristocrático Felix Catton (Jacob Elordi), que le invita a Saltburn, la extensa y glamurosa finca de su excéntrica familia, en la que buscan pasar un verano inolvidable.

El guion original escrito por la propia mano de Fennell tiene, inevitablemente, muchos lugares comunes con la obra de Highsmith pero su pátina y envoltorio es mucho más actual, obviamente menos refinado pero más abonado a las pulsiones sexuales y el irrefrenable deseo de su omnipresente protagonista hacia Felix, el eje y catalizador de sus ambiciones más ocultas. No obstante, Quick, el personaje encarnado por Keoghan, es uno de los roles más oscuros y retorcidos jamás interpretados por el irlandés, que está que se sale. Su contraste de persona nacida en orígenes humildes y traumáticos -como no se cansa de repetir a sus interlocutores-, contrasta especialmente con la sátira de los ricos británicos imbuida por el libreto de Fennell, que ofrece mejores perspectivas sobre las diferencias sociales que la reciente White Lotus de HBO o incluso que la aplaudida -y ahora un tanto olvidada- El triángulo de la tristeza.

La cinta está cargada de humor negro, un tono cínico y un alto contenido sexual

Esta habilidad de la directora y guionista permite al espectador identificarse fácilmente con Oliver y sus dificultades, así como sentir cierta simpatía por la generosa propuesta de Felix y algunos de los miembros de los Catton, que no duda en acogerlo en su seno, permitiéndole acceder a su círculo más íntimo y devolverle todos y cada uno de los favores hechos a su hijo. A Keoghan y Elordi se le suma un reparto espectacular encabezado por Rosamund Pike, Richard E. Grant, Alison Oliver, Archie Madekwe y Carey Mulligan -que vuelve a trabajar con la directora en un pequeño papel-, piezas de un universo de dinero, fiestas y bacanales al que Quick aspira.

Los Catton están especialmente bien tratados, con sus particularidades, dobleces y problemas, y es loable el esfuerzo que presenta el filme para mostrarlos como dianas de un Oliver y sus retorcidas aspiraciones. No Obstante, su modo de vida, al que se hace adicto, es francamente atractivo para el común de los mortales. La historia de encanto, astucia, manipulación y sexo orquestada por Oliver es realmente absorbente, en una perpetua dualidad entre una supuesta nobleza enfatizada por ojos externos y unas intenciones bastante lóbregas que pueden vislumbrarse por el espectador más avezado a las primeras de cambio.

Plagada de humor negro, un tono cínico y una serie de secuencias que indudablemente presentan el insondable y más recóndito rincón del deseo existente en el alma humana, Saltburn es una gran película que se vale de su elenco, sus atrayentes localizaciones y su onírica fotografía estival, -especial detalle por el trabajo del director de fotografía Linus Sandgren en dotar de aún más personalidad al palacio del siglo XII en el que se ambienta y da título a la película-, elementos que casan a la perfección con la atmósfera, seductora, que su propia directora ha querido otorgar a su obra.

Sin embargo, como la belleza en sí misma, no es perfecta. A la trama se le pueden ver las costuras, y es quizás su final lo menos redondo de todo, con una conclusión estirada en exceso que se camufla por su catártica secuencia de clausura que dará que hablar. En cualquier caso, Saltburn es una película cargada de aspiraciones, hechos concretos y grandes muestras de talento. Como espectadores, es inevitable quedar atrapados por esta seductora radiografía de la lucha de clases llena de luces brillantes y banalidades al alcance de unos pocos. Como si fuésemos una polilla.

Hemos visto Saltburn en adelanto gracias a la cortesía de la agencia Marco Agency y Prime Video.

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