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Ya es oficial: arqueólogos hallan los restos de un barco que parece ser la Santa María de Cristóbal Colón naufragada en 1492

Aunque el científico principal del hallazgo da por válido el descubrimiento, varios expertos han salido a poner sus peros sobre la posible identidad del navío.

Los restos de la Santa María, la nave capitana con la que Cristóbal Colón cruzó el Atlántico en 1492, estarían por fin localizados frente a la costa norte de Haití. Esa es la tesis que sostiene el explorador y buscador de pecios Barry Clifford, que lleva años defendiendo que un yacimiento submarino concreto encaja con el naufragio más famoso —y más disputado— de la era de los descubrimientos.

Clifford sitúa la clave en una combinación de pistas: la proximidad geográfica a la zona donde las fuentes históricas colocan el encallamiento en la Nochebuena de 1492, el aspecto del pecio y la idea de que el fondo marino habría preservado parte de la estructura y de los elementos asociados a un barco europeo de finales del siglo XV. Su relato, repetido en distintas ocasiones, parte de un hallazgo documentado fotográficamente años atrás y de posteriores visitas que, según él, reforzarían la identificación.

Un hallazgo con carga histórica

El contexto histórico ayuda a entender por qué el anuncio tiene tanto imán. La Santa María se perdió en la isla de La Española y, según los diarios del viaje, parte de sus materiales se aprovecharon para levantar La Navidad, el primer asentamiento europeo permanente en América. Eso convierte cualquier hallazgo en un punto de unión entre arqueología, memoria y política cultural: no sería solo "un barco", sino una pieza material de un episodio fundacional, con todo lo que arrastra de símbolos, lecturas y controversias.

También por eso la verificación es una carrera cuesta arriba. Un pecio de esa época no se identifica con un "parecido" general: hacen falta campañas sistemáticas, registro fino del contexto, fotogrametría, estudio de técnicas constructivas, análisis de lastre y metales, y, si hay madera recuperable, dataciones y pruebas de procedencia. En el mar, además, cada intervención exige un plan de conservación muy serio: lo que sale del agua puede degradarse rápido si no se estabiliza de inmediato.

La prueba y el riesgo del expolio

En el relato de Clifford hay otro elemento que pesa: la sensación de oportunidad que se escapa. En más de una ocasión se ha hablado de piezas que estaban —o parecían estar— y después ya no, un detalle que apunta al gran enemigo del patrimonio subacuático cuando se vuelve noticia: el expolio. Si un lugar se altera antes de que lo estudie un equipo con metodología arqueológica completa, se pierde información crucial; y sin contexto, hasta el hallazgo más prometedor se vuelve discutible.

Y ahí llega el asterisco final. Aunque Clifford lo presenta como la Santa María, otros expertos no lo dan por bueno: informes y evaluaciones técnicas han cuestionado que ese pecio pueda ser del siglo XV y sostienen que correspondería a un periodo posterior, además de advertir de alteraciones en el sitio. Dicho de otro modo: la historia se ha contado como descubrimiento, pero el consenso científico, hoy, sigue siendo más prudente que épico.