Holanda acaba de encender una mecha que sacude los cimientos del equilibrio tecnológico mundial. El gobierno neerlandés ha tomado el control de Nexperia, una empresa de semiconductores con sede en los Países Bajos pero propiedad del grupo chino Wingtech, marcando un antes y un después en la llamada "guerra de los chips". Por primera vez, el país ha activado su Ley de Disponibilidad de Bienes para confiscar una compañía tecnológica estratégica, alegando "graves deficiencias de gobernanza" y el riesgo de pérdida de conocimiento crítico para Europa.
El ministro de Economía, Vincent Karremans, explicó que la medida busca proteger las capacidades locales en microelectrónica y evitar que el corazón industrial del continente —el del automóvil, la energía y la defensa— dependa de un actor extranjero.
La intervención no es una simple maniobra administrativa: es una declaración de guerra económica a China. Nexperia, escindida en su día de NXP Semiconductors y adquirida en 2017 por un consorcio respaldado por el Estado chino, se ha convertido en un símbolo de lo que Bruselas y Washington denominan "vulnerabilidad estratégica". El movimiento del gobierno neerlandés llega tras varias decisiones judiciales que suspendieron al director ejecutivo chino de la empresa y transfirieron las acciones a una administración temporal. Para Pekín, es un acto de "interferencia política motivada por prejuicios geopolíticos". Para Occidente, una señal inequívoca de que Europa ya no está dispuesta a dejar escapar sus activos tecnológicos clave.
Soberanía digital frente a la globalización
La incautación de Nexperia también refleja una transición estructural: el paso de la globalización tecnológica a la era de la soberanía digital. Durante décadas, las cadenas de suministro de semiconductores funcionaron con lógica de mercado, sin fronteras ni ideología. Hoy, tras la pandemia y las tensiones con Taiwán, ese paradigma se ha roto. Estados Unidos presiona a sus aliados para cortar el acceso de China a tecnologías críticas —desde la inteligencia artificial hasta los chips de 3 nanómetros— y Europa, tradicionalmente más cauta, se alinea de facto con Washington. La maniobra de Ámsterdam confirma que los Países Bajos han dejado de ser un actor neutral para convertirse en uno de los pilares del bloqueo occidental en el terreno de los semiconductores.
El epicentro de esa nueva geopolítica lleva un nombre: ASML, el gigante neerlandés que fabrica las únicas máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV) capaces de producir los chips más avanzados del planeta. Bajo presión estadounidense, el gobierno holandés ya había vetado la venta de esos equipos a China en 2023. Ahora, con la confiscación de Nexperia, Holanda pasa de limitar exportaciones a intervenir directamente propiedad china, una escalada sin precedentes en Europa. En paralelo, Pekín ha respondido restringiendo la exportación de minerales estratégicos —como el galio o el germanio—, esenciales para la industria de chips, y Washington ha duplicado los aranceles a las importaciones tecnológicas chinas.
Mercados en vilo y efecto dominó
La tensión se siente ya en los mercados: las bolsas europeas y asiáticas han registrado caídas, y el sector de las criptomonedas ha reaccionado con volatilidad ante el temor de una fractura tecnológica global. Los analistas consultados por Financial Times y Bloomberg advierten que la medida holandesa puede provocar una reacción en cadena de nacionalizaciones preventivas en países como Alemania o Francia, donde existen empresas con participación china en sectores sensibles. De fondo, lo que está en juego no es solo la industria de los chips, sino el control del siglo XXI: quién diseña, fabrica y gobierna la infraestructura digital que sostiene la inteligencia artificial, el armamento autónomo y la economía de los datos.
Con este movimiento, Holanda se erige como el primer país europeo en confiscar una empresa china de semiconductores en nombre de la seguridad nacional, una decisión que anticipa el rumbo que probablemente tomará toda la Unión Europea. La llamada "guerra de los chips" ya no es una metáfora: es una batalla por el control del conocimiento, la energía y la independencia tecnológica.