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Sólo tiene 4 episodios y no podrás dejar de verla: la nueva miniserie de misterio de Netflix no se parece a ninguna otra

Una miniserie de sólo cuatro episodios que recupera el espíritu del cine clásico de detectives y convierte a José Coronado en el inesperado protagonista de un misterio tan elegante como adictivo.

Hay una razón por la que las miniseries funcionan especialmente bien en Netflix: cuando están bien planteadas, permiten contar una historia completa sin obligar al espectador a esperar años para descubrir si tendrá continuidad. Cuatro, cinco o seis episodios pueden ser suficientes para plantear un misterio, desarrollar a sus personajes y llegar hasta un desenlace. El problema final pertenece a esa categoría y, además, juega con unas reglas muy diferentes a las habituales.

La producción adapta la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte y está protagonizada por José Coronado. Son apenas cuatro episodios que arrancan con un asesinato en una isla que queda temporalmente incomunicada, una premisa que puede evocar inevitablemente a Diez negritos, aunque pronto queda claro que la serie quiere conducir al espectador hacia otro lugar.

Un misterio que parece llegado de otra época: la nueva miniserie de Netflix es una joya absoluta

Hay que enfatizar que lo más particular de El problema final, uno de los grandes éxitos en streaming de Netflix producidos en España, es que no intenta modernizar su propuesta para hacerla más accesible. Todo lo contrario. Ambientada en 1959, la miniserie abraza deliberadamente el espíritu del cine clásico de detectives y convierte esa decisión estética en una de sus principales señas de identidad. No se corta en ningún momento, y eso puede llevar a más de un espectador a un rechazo frontal a la misma.

El homenaje a Sherlock Holmes resulta evidente desde los primeros minutos, al igual que en la novela. El personaje interpretado por Coronado es un actor que alcanzó la fama internacional interpretando al célebre detective, y hasta su apellido funciona como un guiño a Basil Rathbone, uno de los intérpretes más recordados de Holmes.

La serie, creada a partir del trabajo de Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré y dirigida por Félix Viscarret, lleva esa inspiración hasta sus últimas consecuencias. La ambientación, la fotografía, la puesta en escena y, especialmente, los diálogos buscan reproducir la cadencia de otra época. Por eso algunos espectadores pueden encontrar poco naturales determinadas conversaciones, pero precisamente ahí está parte del juego.

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El problema final quiere que sus personajes hablen y se comporten como si hubieran escapado de una película clásica de detectives, sin caer en la recreación kitsch del género. Y cuando nosotros como espectadores somos capaces de aceptar esa premisa, todo encaja mucho mejor y, por decir de alguna manera, fluye. El resultado es un entretenimiento elegante, ligero y con espacio incluso para el humor, donde los personajes tienen tanto peso como el propio misterio.

No pretende reinventar el género ni competir con los grandes clásicos que homenajea. Su verdadera virtud está en ser una propuesta extrañamente diferente dentro del catálogo de Netflix. Puede no convencer a todo el mundo -de hecho, solo tenéis que daros una vuelta por redes sociales para ver cómo ha sacado de sus casillas a más de uno-, pero sus cuatro episodios tienen algo cada vez menos habitual en el panorama del streaming, una personalidad muy marcada y suficiente encanto como para querer descubrir qué ocurre después.