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Geólogos atónitos descubren un antiguo superdepredador marino que aterrorizó a la región del Misisipi

Lo que puede “cambiar” de verdad no es la cronología del Cretácico, sino el mapa de lo que sabemos sobre sus mares en el sur de EE. UU.

En el este de Misisipi, Estados Unidos, un trabajo de campo pensado para otra cosa —levantar un mapa tridimensional del subsuelo— acabó chocando con el pasado de frente. En un lecho de arroyo, entre sedimentos margosos del Cretácico, los geólogos vieron asomar una protuberancia redondeada; lo que parecía una "bola" de roca resultó ser parte de una vértebra fosilizada tan grande que, en palabras de los propios investigadores, les aceleró el pulso.

El hallazgo se produjo cerca de Starkville y lo firmó un equipo de cien´tificos: James Starnes (Mississippi Department of Environmental Quality) y los doctorandos Jonathan Leard y Tim Palmer, que a la vez trabajan como geólogos en el Mississippi Geological Survey. Primero habían encontrado conchas marinas fósiles; después apareció la pieza "grande": una vértebra lumbar con más de siete pulgadas de anchura (algo más de 18 cm) que Leard extrajo con cuidado retirando el barro y la marga alrededor.

Una vértebra, un depredador

La vértebra se trasladó al Mississippi Museum of Natural Science, en Jackson, para compararla con ejemplares de referencia y confirmar identificación. La atribución más probable es Mosasaurus hoffmannii, uno de los mosasaurios gigantes del final del Cretácico. Con una sola vértebra no se puede "medir" el animal como si fuera una cinta métrica, pero las estimaciones divulgadas por el equipo y medios que han seguido el caso sitúan el ejemplar en el rango de 30 a 40 pies (aprox. 9–12 metros) en vida, lo bastante para colocarlo entre los mayores documentados en el estado.

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El hueso también cuenta una historia del paisaje: donde hoy hay colinas y vegetación, entonces había mar. El MDEQ recuerda que formaciones como la Demopolis Chalk se depositaron en un entorno marino somero durante el Cretácico tardío; son sedimentos ricos en carbonatos generados, en gran parte, por microfósiles (como coccolitóforos) que se acumulaban en el fondo. En ese "suelo oceánico" aparecen con frecuencia restos de peces depredadores, tiburones, tortugas marinas y reptiles como plesiosaurios y mosasaurios.

Qué era (y qué no era) un mosasaurio

Conviene subrayar otro matiz para que el relato no se descarrile: un mosasaurio no era un dinosaurio, sino un reptil marino del linaje de los escamosos (pariente lejano de lagartos y serpientes, aunque su árbol familiar exacto sigue discutiéndose). Y, en tamaño, la etiqueta "gigante" depende de cómo se extrapole: hay trabajos que han propuesto máximos alrededor de 17 metros para M. hoffmannii a partir de mandíbulas excepcionales, pero esa cifra no es un consenso universal y muchos autores piden cautela con las reglas de tres. Por eso esta vértebra es valiosa: suma una pieza nueva a un rompecabezas donde el cuerpo completo rara vez aparece.

El equipo ya ha señalado que volverá a la zona para intentar localizar más huesos del mismo individuo o de otros animales, y cada fragmento adicional ayuda a afinar qué depredadores dominaban esas aguas y cómo era la red trófica justo antes de la gran extinción.