Nikola Tesla (1856-1943) no fue solo un inventor brillante, sino una especie de anomalía histórica, un visionario que parecía pensar décadas, e incluso siglos, por delante de su tiempo. No tuvo tanta suerte en vida como podríamos haber imaginado, ya que, desgraciadamente, sus inventos y aportaciones fueron opacadas por otros avances de sus época. Nacido en el Imperio austrohúngaro, emigró a Estados Unidos en 1884, donde su nombre quedó indisolublemente ligado a la gran batalla tecnológica del siglo XIX: la guerra de las corrientes.
Mientras Thomas Edison defendía la corriente continua, Tesla abogó por la corriente alterna, un sistema polifásico que permitía transportar electricidad a largas distancias con mínimas pérdidas. La victoria de este modelo, demostrada de forma espectacular en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y en la central hidroeléctrica de las cataratas del Niágara, estableció el estándar eléctrico que aún hoy utilizamos.
Nikola Tesla, figura clave de la ciencia moderna: "Si buscas respuestas universales, piensa en energía, frecuencia y vibración"
Tesla no se detuvo ahí. Patentó el motor de inducción, desarrolló la famosa bobina de Tesla -clave en experimentos de alta frecuencia y alto voltaje- y exploró la transmisión inalámbrica de energía y señales. Su proyecto más ambicioso, la torre Wardenclyffe, buscaba crear un sistema global de comunicaciones sin cables mucho antes de que la radio se hiciera comercialmente viable. Aunque el proyecto fracasó por falta de financiación, su visión anticipaba el mundo hiperconectado de hoy. Historiadores de la tecnología y archivos de la Oficina de Patentes de EE.UU. documentan más de 300 patentes a su nombre en varios países.
Tesla también cultivó una dimensión casi filosófica de la ciencia. De ahí la famosa frase que se le atribuye: "Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración". Aunque la formulación exacta no aparece en sus publicaciones técnicas conservadas, sí refleja su obsesión por comprender la realidad como un entramado de fuerzas y resonancias.
Murió solo, en una habitación del hotel New Yorker, en 1943. Sin fortuna y con muchos proyectos inconclusos. Sin embargo, su legado es indiscutible: el "tesla" es hoy la unidad de medida del campo magnético en el Sistema Internacional. Un homenaje sobrio para un hombre que soñó con electrificar el planeta y lo logró.