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Nicklas Brendborg (30), biólogo, sobre los superestímulos: 'El cerebro se engancha a comida, redes sociales y videojuegos'

Como advierte Brendborg, el reto no es “desconectar un rato”: es lograr que la vida offline vuelva a sentirse como vida, no como ausencia.

Nicklas Brendborg pone el dedo donde más molesta: si una parte creciente de nuestra vida —mensajes, planes, trabajo, ocio— ocurre dentro de una pantalla, "desconectar" ya no se vive como descanso, sino como quedarse fuera. En su conversación con Diario AS, el biólogo molecular danés lo resume con una frase que explica por qué tanta gente siente culpa cuando intenta apagar el móvil: lo digital se ha convertido en plaza pública, y abandonar la plaza se parece demasiado al aislamiento.

Su nuevo libro, Superestimulados (Destino), arranca precisamente de esa idea: no estamos rodeados de "tentaciones" al azar, sino de estímulos diseñados para ser exageradamente atractivos. Brendborg los llama "superestímulos" y los coloca en una misma familia: ultraprocesados, redes sociales, videojuegos, compras infinitas… versiones amplificadas de cosas que, en origen, tenían sentido para un cerebro que evolucionó con escasez, no con barra libre.

La trampa de los superestímulos

Lo más incómodo de su planteamiento es que desmonta el relato moral clásico de la "falta de voluntad". Brendborg insiste en que no es una lucha limpia entre deseo y disciplina, porque al otro lado hay equipos enteros de gente afinando recompensas, notificaciones, sabores y atajos para mantenernos dentro; no como conspiración, sino como modelo de negocio.

Cuando el entorno está construido para empujar, resistirse deja de ser una cuestión de carácter y pasa a ser una cuestión de diseño.

El autor no llega a este debate desde el activismo, sino desde la divulgación científica que lo hizo conocido con La medusa inmortal y su trabajo académico en la Universidad de Copenhague. En los últimos años, su nombre ha ganado peso fuera de Dinamarca y hasta entró en la shortlist del Royal Society Science Book Prize, un escaparate que suele reunir a divulgadores con ambición de explicar "lo complejo" sin perder al lector por el camino.

Divulgación y propuestas prácticas

En la entrevista, sus propuestas para recuperar control suenan menos a "reset radical" y más a microdecisiones sostenibles: poner franjas sin móvil, salir a caminar, leer, cambiar el tipo de ocio para que no todo dependa de la pantalla. Con la comida aplica el mismo razonamiento: si bajas azúcar (y también sal) durante un tiempo, el paladar se reajusta y lo "normal" vuelve a tener gracia; no por magia, sino porque la línea base de estímulo deja de estar disparada.

El punto más delicado aparece cuando habla de niños y adolescentes, criados ya en un paisaje de estímulo constante: si el entretenimiento, la socialización y hasta la merienda llegan en formato dopamina rápida, competir con un libro o un paseo parece injusto. Su receta, aun así, no es prohibición total, sino alternativas reales: experiencias fuera de la pantalla, rutinas que no dependan de notificaciones y, sobre todo, entornos que no conviertan cada momento muerto en una oportunidad para engancharse.