En 2022, una familia en una propiedad rural descubrió que los escarabajos japoneses no eran meros visitantes: habían comenzado a devorar un pequeño melocotonero y avanzaban hacia los manzanos, justo cuando estos empezaban a ofrecer una cosecha prometedora. La amenaza era clara y la respuesta, por parte de los responsables de la explotación, inmediata: capturar y retirar a los insectos antes de que el huerto quedara despojado. Tres años después, aquella táctica básica se consolidó en un método repetible y sorprendentemente eficaz.
De plaga a alimento: millones de escarabajos japoneses acaban como pienso para gallinas tras ser retirados del huerto
Las trampas no se colocaron al azar. La familia las distribuyó en los límites del terreno, especialmente en el lado este, alejando la presión de las plagas del corazón del huerto. Los resultados fueron contundentes: miles de escarabajos atrapados, lo que abrió una segunda función inesperada. Los insectos muertos se convirtieron en alimento para unas 50 gallinas, reduciendo el gasto en pienso y generando un impacto tangible en la rutina del gallinero.
El sistema puede parecer simple, y de hecho lo es, pero es francamente efectivo. Un poste en forma de T sostiene la trampa, que se cuelga mediante un mosquetón para mantener altura y estabilidad. La parte superior contiene un panel de impacto y una especie de bolsa de recolección, que se vacía cuando se llena al completo. En esta solución no hay ningún tipo de veneno: un cebo aromático atrae a los escarabajos, que caen y mueren por asfixia, listos para ser manipulados sin riesgo químico. Como complemento, la familia usa un repelente natural de aceite de neem y jabón para reducir la presión inicial de estos insectos
La rutina en este proceso de captura y recolección es clave. Cerca del huerto, los insectos llenan las trampas en cuestión de horas, hay cientos de miles de ellos, y en los periodos más intensos, coincidiendo con sus etapas de reproducción, el contenido debe vaciarse dos o tres veces al día. Posteriormente, los escarabajos se ofrecen a las gallinas, que los consumen con entusiasmo. Según la familia, el sabor de los huevos permanece intacto, no influye en la vida o la calidad de los productos relacionados con las aves, lo que subraya la eficiencia económica de esta estrategia.
El control de plagas, explican, no es glamuroso ni inmediato: requiere disciplina y repetición, y a veces es muy tedioso. Colocar trampas, monitorear, recolectar, alimentar a las gallinas y reiniciar el ciclo se convierte en un ritual estacional que protege la fruta, reduce costes y demuestra que, en el campo, la eficacia rara vez es elegante, pero sí absolutamente tangible.