Un descubrimiento ambiental a gran escala ha vuelto a poner los focos sobre los océanos del Atlántico. Millones de toneladas de sargazo han reaparecido, formando un cinturón flotante tan extenso que los satélites de observación terrestre lo captan con claridad. Cada año, entre enero y marzo, comienzan a aparecer pequeñas masas de estas algas; sin embargo, conforme la primavera avanza en el hemisferio norte, su volumen se dispara hasta alcanzar dimensiones continentales.
El fenómeno ha sido registrado y monitoreado por la NASA, que advierte sobre su crecimiento acelerado y los impactos ambientales que ya resultan difíciles de ignorar. Los investigadores consideran que se trata de uno de los desafíos ecológicos más importantes de la última década.
Millones de algas transforman el mar entre África y el Caribe, alertando sobre un peligro ecológico global
Este "Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico" conecta ecosistemas separados por miles de kilómetros, extendiéndose desde la costa occidental de África hasta el Golfo de México. Más que una simple macrofloración, actúa como un corredor biológico flotante que une regiones oceánicas distantes, creando un entramado natural en constante movimiento.
Las imágenes satelitales muestran que, en ciertas áreas del Caribe, las capas de sargazo superan un kilómetro de ancho. En marzo de 2025, los registros alcanzaron cifras históricas: entre 37 y 38 millones de toneladas métricas, superando con creces el récord anterior de 22 millones de toneladas registrado en 2022. Este crecimiento exponencial ha despertado alertas entre autoridades ambientales y el sector turístico, conscientes del daño potencial tanto económico como ecológico.
Las especies predominantes son Sargassum natans y Sargassum fluitans, macroalgas holopelágicas que flotan libremente, sin necesidad de anclarse al fondo marino. Su expansión se ve favorecida por corrientes oceánicas que transportan nutrientes desde el Atlántico Norte hasta el trópico. Entre los principales suministradores destacan el Amazonas, que descarga nitrógeno y fósforo durante la temporada de lluvias, y el Congo, que aporta fertilizantes naturales a la costa africana.
El calentamiento global intensifica este fenómeno. Según datos de universidades estadounidenses y la NASA, el aumento de la temperatura del agua, junto con la mayor concentración de nutrientes por actividad humana, crea un entorno idóneo para la proliferación masiva de algas. En mar abierto, el cinturón cumple funciones ecológicas útiles, sirviendo de refugio para peces, aves y tortugas. Pero cuando llega a la costa, provoca asfixia de hábitats, daña arrecifes de coral, reduce luz y oxígeno en aguas costeras y libera gases tóxicos al descomponerse.
Los expertos coinciden: el Gran Cinturón de Sargazos es un desafío ambiental complejo que exige vigilancia constante y coordinación internacional para evitar que los impactos se vuelvan irreversibles en las próximas décadas.