En Montividiu, corazón agrícola de Goiás, en la lejana Brasil, un productor decidió poner a millones de abejas a trabajar sobre un cultivo de soja, con un objetivo ambicioso: demostrar a gran escala cómo la polinización asistida puede superar los límites de un cultivo autopolinizante. La intervención no fue simbólica ni algo testimonial; se concentró en 250 hectáreas -el 10% de un terreno total de 2500- con colmenas distribuidas estratégicamente y enjambres diseñados para optimizar la cobertura del campo.
Miles de millones de abejas revolucionan Brasil: 2500 hectáreas con colmenas generan energía y elevan la productividad un 20%
La propuesta es sencilla de entender, pero compleja de ejecutar: combinar ciencia y naturaleza para transformar insectos en fuerza productiva. El cálculo detrás de la iniciativa de estos agricultores no es trivial. Cada colmena contiene 50 abejas capaces de cubrir alrededor de 5000 metros cuadrados, lo que convierte la presencia de 500 colmenas en 25 millones de abejas. Y es el primer paso hacia un desembarco mayor.
No se trata de una exageración; es la escala necesaria para garantizar que los polinizadores generen un efecto medible en las 250 hectáreas elegidas. Montividiu no fue elegido al azar. La región es un núcleo de producción agrícola donde cualquier innovación requiere logística precisa, planificación y control de riesgos. Al limitar la prueba al 10% del terreno, el productor de soja, uno de los cultivos más demandantes de los últimos años en todo el mundo, equilibró audacia y prudencia: el área es lo suficientemente grande para mostrar resultados reales, pero lo bastante manejable para evitar comprometer toda la producción.
¿Por qué invertir en abejas si la soja se autopoliniza? La lógica es clara: autopolinización no significa máximo rendimiento. La introducción de polinizadores actúa como un refuerzo, estimulando la reproducción de las plantas y potenciando la productividad. Estudios de Embrapa de 2023 indicaban que el uso de abejas puede aumentar la producción entre un 15% y un 20%, y este experimento busca trasladar esos datos de laboratorio a un entorno real.
Pedro Feldon, apicultor y coordinador del proyecto, no solo distribuye colmenas: gestiona la operación, calcula la cobertura necesaria y asegura que cada enjambre cumpla su función dentro de un sistema planificado. Las abejas dejan de ser un elemento periférico y se convierten en infraestructura agrícola, un componente integral del diseño del campo. Montividiu se transforma así en un laboratorio a cielo abierto donde la polinización asistida no es un lujo ni una curiosidad, sino una herramienta de productividad.