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Los meteorólogos lo confirman: las olas de calor nocturnas dispararán las noches por encima de los 40 ºC en verano

Las noches de verano de los próximos años serán cada vez más cálidas y difíciles de sobrellevar, según las previsiones de los expertos.

El calor extremo ya no se limita a las horas centrales del día. Los expertos en meteorología llevan tiempo advirtiendo de una evolución que puede cambiar la forma en la que vivimos los meses de verano: las noches serán cada vez más cálidas y, durante determinados episodios, las temperaturas podrían mantenerse en niveles excepcionalmente altos incluso después de la puesta de sol.

El fenómeno encaja en una tendencia más amplia. El verano está ganando terreno dentro del calendario y las transiciones entre estaciones son cada vez más breves. La primavera y el otoño pierden protagonismo frente a periodos de calor más prolongados, mientras las temperaturas extremas dejan de ser episodios aislados para convertirse en una amenaza recurrente durante los meses cálidos.

Las olas de calor ya no darán tregua por la noche y dejarán más de 40 ºC en verano

España ya ha experimentado algunas de las consecuencias de esta evolución. Durante el último verano se registraron temperaturas récord y numerosas zonas del país tuvieron que hacer frente a episodios de calor extremo. La preocupación ahora está puesta también en lo que ocurre cuando cae el sol, porque una noche que apenas permite recuperar fuerzas puede resultar tan problemática como una jornada de temperaturas elevadas.

Uno de los factores que explican esta situación se encuentra en las propias ciudades. El asfalto y el hormigón absorben una enorme cantidad de radiación solar durante el día y después liberan lentamente ese calor, dificultando que las temperaturas desciendan durante la noche. A esto se suma la presencia de masas de aire cálido y estable que pueden bloquear la entrada de aire más fresco. Las áreas mediterráneas y los grandes núcleos urbanos del sur de Europa aparecen especialmente expuestos a este problema.

Y el problema no es únicamente una cuestión de confort. Cuando el termómetro no baja lo suficiente durante la noche, el organismo pierde una de sus principales oportunidades para recuperarse del estrés térmico acumulado durante el día. La exposición prolongada puede aumentar el riesgo de golpes de calor y agravar determinadas patologías cardiovasculares y respiratorias, especialmente entre los grupos de población más vulnerables.

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Ante este escenario, las ciudades ya estudian cómo adaptarse. El aire acondicionado y los ventiladores pueden ofrecer alivio inmediato, pero las estrategias urbanas pasan también por aumentar las zonas verdes y recurrir a pavimentos permeables capaces de reducir la acumulación de calor. El objetivo será conseguir que las ciudades no se conviertan en auténticas reservas térmicas cuando llegue la noche.