La historia suena a ciencia ficción, pero viene de un artículo técnico de Nature: una hormiga del sur de Europa, Messor ibericus, ha encontrado la forma de "fabricar" justo la pieza biológica que necesita para que su colonia funcione. No es una rareza de laboratorio, sino un sistema reproductivo descrito en campo y confirmado con genética: una misma reina puede generar descendencia que, literalmente, pertenece a dos especies distintas.
El punto de partida ya era extraño. Estas hormigas dependen de Messor structor como si fuera un "repuesto" obligado: las reinas de M. ibericus necesitan esperma de machos structor para producir obreras híbridas, que son las que levantan y mantienen la colonia, pero no se reproducen. Es decir, el motor social se apoya en hijas estériles que nacen de un cruce interespecífico.
Dependencia y clonación
El misterio, durante años, era logístico: ¿cómo podían aparecer colonias de M. ibericus en zonas donde M. structor no vive? Ahí entra el hallazgo que rompe esquemas: la reina no solo "usa" a la otra especie; también la clona. Según el estudio, puede producir machos genéticamente M. structor a partir del material que tiene almacenado, asegurándose así un suministro de machos "compatibles" para seguir generando obreras híbridas.
Lo realmente desconcertante es el tipo de clonación: no es un híbrido raro ni un apaño parcial, sino un caso en el que la reina genera hijos que pertenecen a una especie diferente a la suya, una transgresión directa de un principio que se daba por casi universal en animales. Los propios autores y varios análisis divulgativos lo presentan como una demostración de que las fronteras de "especie" pueden comportarse, en casos extremos, como un contrato flexible cuando la selección natural encuentra una ventaja clara.
Implicaciones evolutivas
El estudio añade un dato que le da más peso evolutivo: estas dos especies habrían divergido hace más de 5 millones de años, y aun así el sistema funciona. Dicho de manera llana: no estamos ante parientes casi idénticos intercambiándose genes por accidente, sino ante una relación de dependencia altamente especializada, descrita por algunos expertos como una forma de parasitismo sexual o "domesticación" biológica, porque una especie explota a la otra para sostener su propia maquinaria social.