Cuando hablamos de energías renovables en España, la imagen que suele venir a la cabeza son los paneles solares extendidos por Castilla-La Mancha o los gigantescos aerogeneradores de zonas ventosas.
Pero pocos saben que en la costa del País Vasco, justo en el puerto de Mutriku, se esconde una instalación capaz de transformar el vaivén del mar en electricidad utilizando únicamente cámaras de aire comprimido y turbinas especiales. Nada de represas, combustibles fósiles o impactos visuales; aquí, la ingeniería juega limpio.
España usa olas y aire comprimido para producir 296 kW y entregar 600.000 kWh/año de electricidad continua en la costa
La planta de energía undimotriz de Mutriku funciona desde 2011 y es un ejemplo de cómo la teoría más sencilla puede convertirse en una herramienta eficiente cuando se aplica con precisión. Basada en la tecnología OWC –Columna de Agua Oscilante–, su sistema captura el movimiento de las olas dentro de cámaras estancas situadas en el dique. Cuando el agua sube, comprime el aire; cuando baja, lo aspira. Este flujo constante pasa por turbinas Wells, diseñadas para girar siempre en la misma dirección, ya entre aire entrante o saliente. El resultado: energía continua, automática, modular y sin emisiones.
La planta cuenta con 16 turbinas de 30 kW cada una, sumando 480 kW de potencia instalada. Aunque modesta comparada con grandes parques eólicos o hidroeléctricos, su verdadero valor radica en la regularidad: el mar no deja de moverse cuando el viento escasea o cae la noche. Hasta la fecha, Mutriku ha superado los 2 GWh suministrados a la red, suficientes para abastecer a cientos de hogares, y además sirve como laboratorio para futuras versiones industriales.
OWC forma parte de la emergente energía marina renovable, que incluye mareas, gradientes térmicos y de salinidad. La Unión Europea calcula que para 2050 hasta el 10% del consumo eléctrico podría provenir del océano, un potencial enorme para países con largas costas como España, Portugal o Reino Unido.
El atractivo de Mutriku no es solo tecnológico: su instalación evita plataformas flotantes, no interfiere en la navegación, tiene bajo impacto visual y sonoro, y mantiene las turbinas fuera del agua para un mantenimiento sencillo. Esto lo ha convertido en un modelo internacional que atrae visitas de Japón, Corea del Sur o Europa del Norte.
Hoy, el mayor desafío no es construirlo, sino industrializarlo. La energía oceánica aún es cara por kWh, pero su trayectoria recuerda a la solar y al viento terrestre: una vez alcanzada escala, los puertos podrían transformarse en generadores híbridos, parte infraestructura portuaria, parte planta eléctrica, suministrando energía limpia, constante y estratégica a comunidades costeras, islas o bases marítimas. Mutriku demuestra que el océano puede dejar de ser un recurso desaprovechado y convertirse en un aliado energético fundamental.