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Es oficial: Portugal quiere transformar la Península Ibérica en una gigantesca batería nacional enterrando aire a 3000 metros

Portugal estudia utilizar formaciones rocosas a 3000 metros de profundidad para almacenar el excedente renovable y recuperar electricidad cuando la red lo necesite.

Portugal está estudiando una forma poco convencional de almacenar electricidad de cara al futuro. El país está pensando en utilizar el subsuelo como una gigantesca batería. La propuesta parte de un problema cada vez más importante para los países que están aumentando su dependencia de las energías renovables, que no es otro qué hacer con la electricidad generada por el sol y el viento cuando la producción supera la demanda.

Investigadores de la Universidad NOVA de Lisboa y del Instituto Dom Luiz están analizando si determinadas formaciones rocosas pueden funcionar como grandes depósitos subterráneos de aire comprimido. La idea pasa por aprovechar los diminutos espacios que existen entre los granos de rocas porosas, como la arenisca o la caliza.

Portugal está considerando el uso de formaciones rocosas situadas a 3000 metros de profundidad como solución para almacenar el excedente de energía renovable

El funcionamiento es relativamente sencillo. Cuando haya un excedente de electricidad procedente de instalaciones renovables, esa energía se utilizaría para comprimir aire e introducirlo a presión en estas formaciones geológicas. El aire desplazaría el agua salada que ocupa los poros de la roca y quedaría almacenado a gran profundidad.

Cuando la red necesitase recuperar esa electricidad, el proceso se invertiría. El aire comprimido regresaría hacia la superficie y, al expandirse, podría utilizarse para mover turbinas y producir electricidad de nuevo. El sistema pertenece a una familia de tecnologías de almacenamiento mediante aire comprimido que llevan años investigándose como alternativa a las baterías convencionales para almacenar grandes cantidades de energía.

Uno de los puntos de interés del proyecto se encuentra en la cuenca lusitánica, entre Lisboa y Aveiro. Los científicos estudian las características de estas formaciones para determinar si pueden soportar las condiciones necesarias y mantener el aire almacenado de manera segura y eficiente.

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Las cifras son llamativas. En el escenario teórico más favorable contemplado por la investigación, con un reservorio situado a unos 3000 metros de profundidad, la capacidad podría alcanzar hasta 1 TWh. Es una cifra máxima basada en condiciones óptimas y, por tanto, no significa que Portugal pueda disponer ya de esa capacidad.

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Los expertos afirman que se necesitan entre 5 y 10 años de trabajo para un proyecto piloto que confirme la idea en la que trabaja Portugal

El proyecto también podría aportar una función adicional, el llamado «arranque en negro» o black start, que permite recuperar determinados elementos de una red eléctrica después de un apagón sin depender inicialmente de la propia red.

No va a ser un cambio sencillo, ni un proyecto barato, pues todavía queda mucho trabajo. La tecnología necesitaría estudios geológicos, perforaciones y un proyecto piloto antes de plantearse su utilización comercial. Ricardo Pereira, uno de los investigadores implicados, calcula que su desarrollo podría requerir entre cinco y diez años. A todo esto hay que sumarle los habituales problemas legales. Portugal también tendría que crear un marco regulatorio específico, por lo que conviene no ser demasiado optimista. Podríamos decir que existe una investigación que intenta convertir el propio subsuelo en una enorme reserva energética y que, con suerte, llegará a completarse.