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El último capítulo de El caballero de los siete reinos reabre la herida del final de Juego de tronos y ya puedes ver cómo sigue

Puede que HBO esté usando 'El caballero de los siete reinos' para redicmir ciertas polémicas decisiones en el final de su serie madre.

Esta semana los fans de Poniente están de enhorabuena, el siguiente episodio de El caballero de los siete reinos ya está disponible antes de lo habitual y no habrá que esperar al lunes. La plataforma ha adelantado el capítulo para evitar que coincida con la noche de la Super Bowl, un movimiento típico cuando un evento masivo amenaza con comerse la conversación y los datos de audiencia.

En el episodio anterior, 3 ("El Escudero"). la serie deja de jugar al despiste y convierte a su "escudero" en una pieza política de primer orden -SPOILERS del capitulo a partir de aquí-: Egg no es solo un crío listo y malhablado, sino un Targaryen con nombre y apellido. El giro funciona como un recordatorio de lo que mejor se le da a Poniente: el poder cambia de manos en cuanto alguien pronuncia la identidad correcta… aunque sea al oído.

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Un origen de alta cuna

La revelación —que el chico es Aegon V Targaryen— no llega como un simple "dato de wiki", sino como un reajuste de la historia que estamos viendo: de pronto, cada decisión de Ser Duncan el Alto pesa el doble, porque su vínculo con Egg ya no es solo afectivo, sino potencialmente histórico. Varias recapitulaciones han subrayado precisamente eso: el capítulo usa el giro para tensar la moral del dúo y para meter a los Targaryen —y sus disputas internas— dentro del relato sin necesidad de dragones ni grandes batallas.

A partir de ahí, el episodio también apunta una comparación incómoda: si el Targaryen "bueno" es el que rehúye el privilegio, el espejo oscuro suele estar cerca. En el entorno de Egg asoma la sombra del príncipe Aerion Targaryen (impulsivo, cruel, convencido de que la sangre lo justifica todo), una dinámica que muchos espectadores leen como eco de Daenerys Targaryen frente a Viserys Targaryen: dos hermanos con el mismo apellido, pero con una brújula moral que apunta en direcciones opuestas. La serie, además, lo hace sin discursos: basta con cómo miran, cómo mandan, cómo humillan.

Y ahí es donde el giro "empeora" retrospectivamente el final de Juego de tronos para parte del público: si la franquicia insiste en que dentro de la Casa Targaryen existen trayectorias capaces de romper el cliché de "la locura inevitable", entonces el cierre acelerado de Daenerys como villana se siente menos como tragedia orgánica y más como una decisión de guion impuesta por la prisa y la propia producción. No porque la caída sea imposible, sino porque, al contrastarla con figuras como Egg —presentado como alguien empático y atento a la gente común— la idea de "era el destino" pierde fuerza y se vuelve una coartada narrativa.

Además, el episodio introduce un detalle que pesa como plomo en clave de saga: la historia personal de Egg, tal y como la franquicia la viene insinuando, está marcada por profecías y por la idea de que el poder tiene factura. Que la serie deje caer señales sobre su futuro, refuerza el tema central: en Poniente, incluso los Targaryen más decentes pagan por intentar "arreglar" el mundo. Esa capa trágica, bien manejada, hace que el debate sobre Daenerys sea todavía más áspero: si había margen para un legado distinto, ¿por qué el relato principal eligió el atajo?