En el árido corazón de Australia, el río Finke, conocido como Larapinta para el pueblo Arrernte, se erige como uno de los sistemas fluviales más antiguos que aún existen. Los estudios geológicos estiman su edad entre 300 y 400 millones de años, mucho antes de la aparición de los dinosaurios y de la llegada del hombre a la región.
A pesar de su antigüedad, el Finke no fluye de manera continua. Durante gran parte del año, su cauce se fragmenta en pozas aisladas y tramos secos, aunque conserva el contorno original que ha esculpido en el paisaje a lo largo de eones. Este comportamiento no impide que los científicos lo clasifiquen como río: el lecho, los depósitos sedimentarios y la estructura del valle revelan un sistema que ha perdurado a través de incontables ciclos climáticos y tectónicos.
El río más antiguo del mundo: 400 millones de años, anterior a los dinosaurios, que atraviesa montañas y guarda misterios de la Tierra primitiva
El río Finke, con más de 640 kilómetros de longitud, serpentea por el Territorio del Norte y parte del sur de Australia. Su flujo es en gran medida dependiente de las lluvias del interior del continente, que conectan temporalmente sus distintas secciones. Sin embargo, su recorrido ofrece pistas sobre un pasado remoto: atraviesa formaciones rocosas duras de la cordillera MacDonnell (Tjoritja para los Arrernte) en lugar de rodearlas, lo que sugiere que el río ya existía antes de la orogenia de Alice Springs, ocurrida hace entre 400 y 300 millones de años.
Los geólogos lo consideran un río "antecedente", ya que mantiene su curso mientras la corteza terrestre se eleva, resistiendo millones de años de erosión y meteorización. Las firmas químicas presentes en las rocas permiten estimar el tiempo que el agua ha interactuado con la superficie, complementando el estudio geomorfológico que respalda la enorme antigüedad del Finke.
Expertos como Ellen Wohl destacan que la longevidad de un río depende de factores como la estabilidad tectónica, los cambios climáticos y la disponibilidad de agua. En regiones áridas, estos elementos son cruciales, y aunque el interior de Australia ha experimentado relativa estabilidad geológica, incluso el Finke enfrenta presiones modernas: el cambio climático y la explotación humana del agua podrían alterar su curso en escalas de tiempo mucho más cortas que las que han definido su historia.
En definitiva, el río Finke sigue siendo un testimonio viviente de la Tierra primitiva, un hilo de agua que conecta el pasado remoto con el presente y permite a los científicos reconstruir capítulos de la historia geológica que rara vez se observan con tanta claridad.