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Confirmado: Armageddon tenía razón, se puede desviar un asteroide con una bomba nuclear pero podría ser un riesgo para la Tierra

La “opción nuclear” queda como último recurso, además de estar atravesada por obstáculos legales y políticos muy reales en tratados sobre ensayos y armas en el espacio.

Durante años, lo de "detonar una nuclear" contra un asteroide sonaba a Armageddon. Pero la defensa planetaria real se parece menos a romper una roca y más a moverla lo justo: un empujón diminuto, con suficiente antelación, puede transformar un impacto en un fallo por miles de kilómetros. La prueba de que la idea de "desviar" no es abstracta la dio DART en 2022, cuando la NASA consiguió acortar la órbita de Dimorphos alrededor de Didymos en unos 32 minutos tras un impacto deliberado.

La opción nuclear, cuando se discute en serio, suele plantearse como explosión a cierta distancia (no como perforar y partir el objeto). El objetivo sería que la radiación depositara energía en la superficie, vaporizando una capa y generando una pluma de material que actúa como propulsor en sentido contrario, alterando la trayectoria. Esa es, de hecho, la lógica que recogen tanto análisis divulgativos con base técnica como informes de referencia que subrayan que estas técnicas "de alto impulso" se barajan sobre todo si el objeto es grande o el margen de reacción es corto.

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El problema del "asteroide estándar"

El giro importante —y el que suele perderse en los titulares— es que no existe el "asteroide estándar". Si el cuerpo es poroso o un "montón de escombros" débilmente unido por gravedad, parte de la energía puede disiparse sin producir una eyección eficaz; si es metálico y compacto, el comportamiento cambia otra vez, y no siempre a favor del empuje. En enero, Oxford resumió un resultado incómodo: los materiales ricos en hierro podrían aguantar mucha más energía sin fragmentarse y, bajo cargas extremas rápidas, incluso mostrar un tipo de "endurecimiento" dinámico que obliga a repensar las simulaciones.

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Ese matiz ya no es solo teoría. Un equipo vinculado a Oxford y CERN ha observado en tiempo real cómo se deforma un meteorito de hierro (Campo del Cielo) bajo pulsos de protones ultranergéticos en la instalación HiRadMat, y el resultado apunta a que algunos modelos subestiman lo "robusta" que puede ser esta clase de material. La lectura para defensa planetaria es directa: si el material no responde como se asumía, el acoplamiento de energía (y el empuje resultante) puede cambiar.

Experimentos, misión Hera y el "examen forense"

En paralelo, la parte "nuclear" también se está aterrizando con experimentos sustitutos: Sandia ha trabajado con pulsos de rayos X en su máquina Z para simular el tipo de deposición energética que interesaría en un escenario de desvío, precisamente para entender qué contribuye más al cambio de trayectoria. Y mientras tanto, la ESA prepara el "examen forense" del caso DART: Hera, lanzada en 2024, aspira a llegar a Didymos/Dimorphos en 2026 para medir el cráter, la masa y la respuesta del sistema con un nivel de detalle que sirve para calibrar modelos.

Todo esto explica por qué la tendencia más seria en defensa planetaria no empieza con explosiones, sino con información: detectar antes, caracterizar mejor y escoger la herramienta menos arriesgada que funcione. Los propios informes académicos insisten en la necesidad de reconocimiento previo para saber con qué estás tratando, y NASA planea reforzar esa vigilancia con NEO Surveyor, un telescopio infrarrojo diseñado para encontrar y perfilar objetos potencialmente peligrosos (con lanzamiento previsto no antes de 2027).