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Científicos dan con los restos más antiguos de humanos haciendo fuego y es antes de lo que se creía: ‘Más de 400.000 años’

Mucho antes de que nuestra especie entrara en escena, otros humanos ya sabían crear fuego “a demanda”. Y eso obliga a reescribir, una vez más, el momento en el que empezamos a controlar uno de los elementos que más han cambiado nuestra historia.

Los arqueólogos acaban de mover una de las líneas rojas de la prehistoria: un equipo liderado por el British Museum ha encontrado en Barnham (Suffolk, Reino Unido) la evidencia más antigua conocida de fabricación deliberada de fuego, en un nivel de unos 400.000 años de antigüedad. El hallazgo, publicado en Nature, adelanta en unos 350.000 años el registro anterior, que situaba a neandertales del norte de Francia haciendo fuego hace "solo" 50.000 años.

El escenario del descubrimiento es el yacimiento de East Farm, una antigua gravera excavada desde principios del siglo XX. Allí han aparecido arcillas enrojecidas por altas temperaturas, hachas de mano de sílex reventadas por el calor y, sobre todo, pequeños fragmentos de pirita de hierro, un mineral capaz de generar chispas al golpearlo con sílex.

La pirita prácticamente no existe de forma natural en la zona: de 26 yacimientos estudiados y más de 121.000 piedras catalogadas, solo ha aparecido aquí, junto a lo que parece un hogar consolidado que se calentó repetidamente por encima de los 700 ºC. La conclusión de los investigadores es clara: alguien llevó esa pirita a Barnham como parte de un kit para encender fuego.

El primer fuego hecho "a propósito"

El matiz es importante, porque usar fuego y fabricarlo no son lo mismo. Desde hace más de un millón de años hay indicios de uso "habitual" de fuego en África y Oriente Medio: grupos humanos que aprovechan incendios naturales, los "cosechan" y los mantienen vivos durante largos periodos. Pero fabricar fuego desde cero —golpear sílex y pirita sobre un nido de yesca hasta prender una llama— exige un dominio tecnológico distinto y deja huellas mucho más sutiles en el registro arqueológico. De ahí que especialistas como Michelle Langley insistan en que este hallazgo es un "nuevo trozo del puzle": seguramente la práctica era más común, pero solo en lugares muy bien conservados llegamos a verla.

¿Quiénes eran, entonces, esos "domadores" de fuego en la Inglaterra de hace 400.000 años? No eran Homo sapiens: nuestra especie todavía no se había definido como tal, y aún faltaban cientos de miles de años para que saliera de África. Los autores del estudio apuntan a neandertales arcaicos o a sus antecesores inmediatos, basándose en fósiles de edad similar como el cráneo de Swanscombe, en el valle del Támesis, atribuido a una forma temprana de neandertal. Otros expertos recuerdan que en ese periodo circulan varios linajes de Homo en Europa —incluido Homo heidelbergensis— y que todavía estamos afinando el "quién es quién" de esa etapa.

Cómo cambiarlo todo con una chispa

Las implicaciones van mucho más allá del anecdotario prehistórico. Encender fuego a voluntad y no solo cuando la naturaleza quiere cambia por completo el margen de maniobra de un grupo humano: permite cocinar sistemáticamente (más energía con menos esfuerzo), sobrevivir en climas fríos, ahuyentar depredadores, endurecer madera o procesar resinas para fabricar adhesivos. Varios paleoantropólogos, como Chris Stringer (Museo de Historia Natural de Londres), señalan que esa capacidad habría ampliado los entornos en los que podían vivir estas poblaciones y pudo impulsar cambios de fondo en cerebro, salud y vida social, desde el incremento del tamaño encefálico hasta el desarrollo del lenguaje alrededor del fuego.

El equipo responsable del trabajo sospecha que este no será un caso aislado, sino el primero que hemos sido capaces de ver con claridad. Ahora están revisando otros yacimientos europeos en busca de pequeñas piezas de pirita o suelos enrojecidos que quizá se pasaron por alto.