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Canadá tiene la solución al problema de la vivienda: convierte un aeropuerto en un nuevo barrio con 30.000 viviendas

En total van a ser siete barrios y calculan que tendrá 54.000 residentes y un eje verde de 2 km.

Durante décadas, el noroeste de Toronto fue un lugar de paso: un gran rectángulo de asfalto y hormigón donde lo importante era despegar, aterrizar o producir. A partir de 2026, ese paisaje cambia de guion. En el terreno del antiguo aeropuerto de Downsview —rebautizado ahora como YZD— empieza a dibujarse uno de esos megaproyectos que no se entienden en meses, sino en generaciones: una nueva pieza de ciudad que, según las estimaciones divulgadas hasta ahora, podría alojar a más de 54.000 residentes y crear unos 23.000 empleos, todo sobre un área de unas 370 acres (cerca de 150 hectáreas).

La ambición está en la escala y en el tipo de promesa. No se trata solo de levantar viviendas: la propuesta habla de siete barrios conectados entre sí y cosidos por una columna vertebral que, hasta ahora, era símbolo del pasado aeroportuario: la pista. La idea es convertir sus dos kilómetros en un gran corredor público —parque lineal, paseo, carriles bici y espacios de encuentro— que haga de "calle mayor" para el distrito.

Parques, salud y el urbanismo como infraestructura

El plan reserva, además, una cantidad notable de espacio abierto: alrededor de 74 acres dedicadas a parques y zonas verdes. En el papel, esa cifra no es un adorno estético: es el tipo de infraestructura que define cómo se vive un barrio (si el día a día se hace andando, si hay sombra y descanso, si el calor urbano se vuelve más llevadero o si el espacio público se reduce a rotondas y aparcamientos).

Aquí es donde el urbanismo deja de ser solo arquitectura y entra en terreno medible. La evidencia científica lleva años asociando la exposición a espacios verdes urbanos con mejoras en salud y bienestar, incluyendo indicadores de salud mental. La propia OMS recopiló y revisó pruebas sobre beneficios y vías plausibles (actividad física, reducción del estrés, menor exposición a contaminantes, cohesión social). Y estudios recientes, con enfoques de "experimento natural" y datos de gran escala, han vuelto a apuntalar la idea de que acercar naturaleza a la vida cotidiana no es solo "bonito": puede traducirse en diferencias reales en resultados de salud a nivel poblacional.

Movilidad corta y hábitos que se construyen

La narrativa de YZD también encaja con otra tendencia: la ciudad pensada para desplazamientos cortos. En el debate urbano contemporáneo, caminar y pedalear ya no se venden únicamente como gestos ecológicos, sino como políticas de salud pública. Revisiones y análisis sobre intervenciones para impulsar el "active travel" han descrito co-beneficios: menos emisiones del transporte y más actividad física, con efectos en salud que pueden ser sustanciales cuando se diseñan bien calles y conexiones. En otras palabras: si la pista reconvertida logra funcionar como un eje cómodo, seguro y útil, no es solo un "parque bonito"; puede convertirse en el atajo cotidiano que cambie hábitos.

Pero el tamaño del proyecto obliga a leerlo con dos escalas a la vez: la del barrio y la del tablero metropolitano. En documentos municipales sobre el área de Downsview (más amplia que el propio perímetro de YZD), la ciudad habla de un desarrollo a 30+ años que, a "full build-out", podría acomodar del orden de 115.000 nuevos residentes y 52.000 trabajadores. Esa cifra, mayor que la asociada al núcleo de YZD en algunas coberturas, sirve para entender la magnitud del fenómeno: lo que ocurre aquí no es una promoción más, sino una reconfiguración territorial con impacto en transporte, servicios públicos, equipamientos y vivienda.

La implementación, el verdadero examen del megaproyecto

Como suele pasar con los planes a 30 años, la parte decisiva no es solo el render, sino la implementación: cuánto se construye primero, qué llega a tiempo (transporte, escuelas, salud, comercio), y cómo se evita que el distrito nazca dependiente del coche por simple inercia. La experiencia internacional con grandes transformaciones urbanas es clara en un punto: si los servicios y la movilidad sostenible llegan tarde, el barrio aprende malos hábitos desde el minuto uno… y luego cuesta décadas corregirlos.

De momento, YZD se vende como una oportunidad rara: reutilizar una gran "pieza" ya delimitada —una isla urbana enorme— para probar un modelo de crecimiento más caminable, con parques de verdad y conexiones internas pensadas para el día a día. Y aunque el calendario sea largo, el primer cambio ya es simbólico: la pista deja de ser línea de despegue y pasa a ser la espina dorsal de una ciudad que quiere construirse a ras de suelo.