Durante décadas, la fusión nuclear ha sido el gran horizonte de la energía limpia: una promesa casi mítica que siempre parecía estar a una generación de distancia. Sin embargo, una reciente campaña experimental en el estelarizador Wendelstein 7-X, en Alemania, ha vuelto a estrechar ese margen.
Los investigadores lograron batir varios récords clave al elevar el llamado producto triple, mantener el plasma estable durante 43 segundos y alcanzar temperaturas de hasta 30 millones de grados Celsius, un cóctel técnico que refuerza la viabilidad real del concepto.
Ya es oficial: nuevo récord mundial de fusión nuclear en Alemania impulsa la carrera por la energía limpia
El experimento, desarrollado en Greifswald por el Instituto Max Planck de Física del Plasma, no es solo una suma de cifras espectaculares. Supone, sobre todo, un nuevo estándar de rendimiento para los reactores de fusión de tipo estelarizador, tradicionalmente considerados más complejos que los tokamaks, pero también más prometedores a largo plazo. El foco estuvo en dos variables críticas, las más difíciles de este tipo de experimentos. Por un lado, la estabilidad del plasma, y por otro, su tiempo de confinamiento. Mejorarlas de forma simultánea es uno de los mayores retos de la disciplina, y aquí se consiguió sin recurrir a artificios externos.
La fusión nuclear reproduce en la Tierra el proceso que alimenta a las estrellas: la unión de isótopos de hidrógeno a temperaturas extremas, generando plasma y liberando enormes cantidades de energía. El problema es mantener esas condiciones de forma sostenida sin problemas. Mientras que los tokamaks dependen de corrientes internas en el plasma para generar campos magnéticos, los estelarizadores apuestan por potentes imanes externos, una solución más estable para operaciones prolongadas.
En esta campaña, el W7-X no solo superó las marcas históricas de tokamaks como el japonés JT60U o el británico JET, sino que alcanzó un nuevo récord del producto triple, la métrica que combina densidad, temperatura y tiempo de confinamiento. Acercarse al criterio de Lawson, conocido por el umbral en el que la reacción empieza a producir más energía de la que consume, es una señal inequívoca de progreso.
Parte del éxito se explica por la introducción de un innovador sistema de inyección de combustible. En apenas 43 segundos se dispararon 90 pastillas de hidrógeno congelado a velocidades cercanas a los 800 metros por segundo, coordinadas con pulsos de microondas de alta potencia que calentaron el plasma de forma precisa.
El resultado fue una estabilidad inédita. Además, la tasa de renovación energética alcanzó 1,8 gigajulios en seis minutos, superando tanto el récord previo del propio reactor como registros recientes en China. Más allá del impacto mediático, estos datos consolidan al Wendelstein 7-X como una referencia internacional y refuerzan la idea de que los estelarizadores ya no son una curiosidad teórica.