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Un satélite descubre un megatsunami cautivo en Groenlandia que sacudió la Tierra durante 9 días: 'Llegó a los 200 m de altura'

Los eventos extremos pueden ocurrir fuera del radar humano y aun así dejar huella global; y la combinación de sismología + satélites de nueva generación empieza a convertir esos “fantasmas” en fenómenos medibles.

Durante nueve días, la Tierra "latió" con una cadencia casi metronómica: un pulso cada ~90 segundos que aparecía en sismómetros de todo el planeta y que no encajaba con un terremoto normal. No fue un misterio esotérico, sino uno de esos casos en los que la señal está ahí, insistente, pero el origen se esconde en un rincón remoto del mapa: un fiordo del noreste de Groenlandia, sin ciudades cerca y con el ruido humano prácticamente a cero.

La pieza clave fue un deslizamiento masivo ocurrido el 16 de septiembre de 2023 en el fiordo de Dickson. Millones de metros cúbicos de roca y hielo cayeron al agua como un martillazo, levantando un megatsunami que, en sus máximos, alcanzó alrededor de 200 metros de altura. En mar abierto, una ola así se dispersa; dentro de un fiordo estrecho y encajonado, la energía se queda atrapada y se transforma en otra cosa: una oscilación persistente que no "viaja", sino que va y viene.

El fiordo como caja de resonancia

Ese vaivén tiene nombre: seiche, una especie de ola estacionaria gigante, como el balanceo del agua en una bañera cuando la empujas y rebota entre las paredes. En Dickson, el fiordo actuó como una caja de resonancia natural, y el movimiento repetitivo del agua acabó traducido en una vibración detectable a escala global: la "firma" sísmica de 92 segundos que desconcertó a los equipos de vigilancia.

Lo que terminó de cerrar el caso llegó desde el espacio. El satélite SWOT (Surface Water and Ocean Topography), diseñado para medir con gran detalle alturas de agua en océanos, ríos y lagos, sobrevoló la zona y captó algo que otros sistemas no habían podido ver bien en un fiordo tan complejo: la superficie se inclinaba y cambiaba de lado, con un desnivel máximo de unos 7,9 metros de una orilla a otra, señal inequívoca de ese balanceo sostenido.

La huella medida con radar

SWOT puede hacer ese "rayado fino" porque trabaja con interferometría radar en banda Ka (KaRIn), barriendo una franja ancha y midiendo variaciones pequeñas de altura con precisión, incluso en lugares donde no hay boyas ni instrumentos locales. En otras palabras: donde antes teníamos hipótesis apoyadas en modelos y señales indirectas, ahora hay una observación directa del movimiento del agua que explica por qué el planeta estuvo vibrando más de una semana.

El hallazgo también funciona como aviso de futuro. Groenlandia ya ha vivido tsunamis por deslizamientos —como el de Karrat Fjord en 2017— y, a medida que cambian hielo, glaciares y permafrost, el riesgo de inestabilidad en laderas árticas preocupa cada vez más.