Cuando se anunció que Ridley Scott y Russell Crowe volverían a colaborar tras el impacto cultural de Gladiator en el año 2000, los aficionados a la épica se llenaron de expectativas. No era para menos: aquella historia de venganza romana no solo arrasó en taquilla y premios, sino que también redefinió el cine histórico de gran presupuesto en el cambio de milenio. La promesa de repetir el éxito sonaba a acontecimiento. Sin embargo, la realidad fue mucho más decepcionante.
Robin Hood, estrenada en 2010, intentó reformular el mito británico desde una perspectiva más terrenal y casi crepuscular. Desgraciadamente, el resultado quedó muy lejos del nivel que ambos habían alcanzado una década antes. Ni la crítica ni el público la recibieron con entusiasmo: en Rotten Tomatoes apenas obtuvo un 43 % de aprobación por parte de la prensa especializada y un 58 % del público. Para un proyecto de tal envergadura, eran cifras mediocres, casi una sentencia. La taquilla tampoco acompañó.
Con el tiempo, la película ha ido ganando defensores. Y el propio Crowe ha querido reabrir el debate. A través de su cuenta en Twitter (ahora X), el actor respondió a una publicación de Cinema Tweets para señalar lo que, según él, explica gran parte del fracaso: el montaje estrenado no era el que habían concebido.
Russell Crowe (61 años), lo confirma: la versión que salvaba Robin Hood se quedó en el cajón
Según Crowe, la versión del director, que él y Scott consideraban definitiva, fue recortada en 17 minutos antes de su estreno. Aunque pueda parecer un cambio menor en un metraje extenso, en términos narrativos es significativo. Eliminar minutos significa eliminar transiciones, silencios, miradas y todo ese tejido emocional que sostiene la épica más allá de las batallas. Como bien dijo el actor, "Imagina tu película favorita sin 17 minutos de su corazón". Su recomendación es clara: buscar el director’s cut.
Más interesante aún es el plan que nunca se materializó. Crowe reveló que la idea de convertir Robin Hood en un título heredado, un símbolo transmitido de generación en generación, surgió de él mismo. La intención era desarrollar la historia en tres actos cinematográficos, casi como una trilogía fundacional que explorara la mitología del forajido desde sus orígenes hasta su consolidación como leyenda popular. Una ambición considerable que se quedó en el primer capítulo.
Como os decíamos, la película no funcionó a nivel comercial. El filme recaudó 321,6 millones de dólares frente a un presupuesto cercano a los 200 millones, todo ello sin contar promoción. Si bien no fue un fracaso absoluto, no fue suficiente para justificar continuaciones en un Hollywood cada vez más dependiente de franquicias blindadas. Así, cualquier secuela quedó descartada.
Desde entonces, el mito ha seguido evolucionando en otras manos, casi siempre saldándose en un fracaso tras otro, y este mismo año volverá a intentarlo con The Death of Robin Hood, una adaptación protagonizada por Hugh Jackman. Mientras tanto, aquella aventura de 2010 permanece como la última colaboración entre Scott y Crowe. Un epílogo inesperado para un dúo que, durante una década prodigiosa, también creó títulos como American Gangster, Red de mentiras y Un buen año.