Nick Frost ha convertido su fichaje como Rubeus Hagrid en la nueva serie de Harry Potter (HBO) en una anécdota tan extravagante como perfectamente "potteriana": asegura que, antes de conseguir el papel, se puso a "manifestarlo" viendo las ocho películas seguidas y escribiendo "Hagrid" a mano 7.000 veces. La historia la contó en una entrevista con The Guardian y ya circula como uno de esos relatos que parecen diseñados para viralizarse… aunque, en su caso, el remate es real: el actor de Shaun of the Dead terminó dentro de Hogwarts.
El contexto importa: HBO prepara un reinicio televisivo con un libro por temporada, un modelo que —sobre el papel— debería permitir más aire narrativo que el cine para personajes secundarios. Frost, de hecho, ya ha dejado caer que no busca calcar a Robbie Coltrane, sino explorar matices del guardabosques, manteniendo el respeto por el material y la interpretación que lo hizo icónico.
Entre continuidad estética y reinvención
Ahí es donde entra el pequeño incendio meta: Chris Columbus, director de Harry Potter y la piedra filosofal y La cámara secreta, ha reconocido que al ver fotos del set con Frost vestido como Hagrid le asaltó la pregunta de "¿qué sentido tiene?", porque el vestuario le parecía prácticamente el mismo que diseñaron entonces. Lo contó en el pódcast The Rest Is Entertainment y después matizó que la sensación también tiene un lado halagador, aunque "raro" por su cercanía con Coltrane.
Ese choque —nostalgia frente a reinvención— es casi el tema central de cualquier remake: si cambias demasiado, te acusan de traicionar; si cambias poco, de copiar. En términos de industria, HBO parece apostar por un terreno intermedio: continuidad estética reconocible y, al mismo tiempo, margen para ampliar escenas, subtramas y progresión emocional gracias al formato largo.
El desafío del "extra" televisivo
La clave estará en cómo se escriba ese "extra" televisivo. En una saga tan cartografiada por los fans, el material nuevo puede sentirse como expansión orgánica… o como relleno. Y en Hagrid, ese riesgo es doble: es un personaje que funciona por presencia, ternura y humor, pero también por una ética muy clara (protección de los vulnerables, lealtad, sentido de justicia) que sostiene parte del corazón de la historia.
La serie, además, juega con un calendario que obliga a clavar el tono desde el primer día: HBO apunta a estreno en 2027, y hasta entonces convivirán la comparación constante con las películas y la expectativa de ver si el "un libro por temporada" justifica la nueva vuelta de tuerca.
Superstición simpática y presión de legado
Y luego está lo intangible: la superstición simpática del propio Frost. Lo de escribir "Hagrid" miles de veces suena a ritual de actor… pero también a una declaración de intenciones: llega con ganas de pertenecer al mundo, no solo de interpretarlo.