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Ni Groenlandia Ni Venezuela: EE.UU. apunta hacia Brasil para extraer tierras raras y liderar la carrera tecnológica contra China

La pregunta que queda abierta no es si Brasil “vale”, sino si llega a tiempo con una estrategia industrial propia antes de que otros decidan por él dónde se crea el valor.

Brasil se ha colado en el radar de Estados Unidos por una razón muy del siglo XXI: no tanto "tomar territorio", como asegurar cadenas de suministro. En la carrera por minerales críticos (tierras raras, grafito, níquel, litio…) el cuello de botella ya no está solo en extraer, sino en refinar, separar y fabricar componentes, un tramo donde China mantiene una ventaja enorme. Esa ansiedad estratégica se ve incluso en decisiones recientes de Washington para blindarse ante cortes de suministro, como el lanzamiento de un gran programa de acopio de minerales críticos ("Project Vault").

La fotografía brasileña encaja porque mezcla potencial y asimetría: según estimaciones del USGS, Brasil figura entre los países con mayores reservas de tierras raras (alrededor de 21 millones de toneladas), pero su peso productivo aún es pequeño, lo que abre la puerta a que terceros quieran "entrar" pronto, cuando el mercado se tense de verdad. En paralelo, Brasil también domina un metal menos mediático pero muy codiciado: el niobio, clave para aceros de alta resistencia y aplicaciones aeroespaciales.

Capital, contratos y entrada temprana

Ahí aparece un mecanismo más fino que la geopolítica de bandera: financiación y participación industrial. El ejemplo más citado es Serra Verde, cuyo proyecto de tierras raras en Goiás recibió hasta 465 millones de dólares de la U.S. International Development Finance Corporation, una forma de anclar suministro futuro sin necesidad de un tratado rimbombante. En términos prácticos, es Estado empujando capital hacia una mina "amiga" para recortar dependencia del refinado asiático.

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El trasfondo es que estos materiales han pasado a tratarse casi como "infraestructura": motores de coches eléctricos (imanes con neodimio/praseodimio), eólica, electrónica, defensa. La IEA lleva años avisando de que, en escenarios de transición energética, la demanda de varios minerales se dispara y tensiona proyectos que tardan mucho en madurar (minas, plantas químicas, permisos ambientales). Eso explica por qué Estados Unidos no se limita a "producir en casa": también empuja órdenes ejecutivas para acelerar producción mineral y, cuando no le da la geología, busca socios y rutas alternativas.

Valor añadido, soberanía y el coste de acelerar

Brasil, mientras tanto, intenta que el interés externo no se traduzca en repetir el papel clásico de exportador de materia prima. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha planteado garantías financieras e incentivos para atraer inversión y, sobre todo, procesamiento local, con el argumento de "soberanía" y valor añadido: si el refinado y la tecnología se quedan fuera, el poder real también. En ese debate pesa además dónde están los yacimientos (a veces cerca de zonas sensibles) y cómo se reparte el coste social y ambiental de acelerar licencias.

Y un matiz importante: el texto que me pasas mezcla hechos con una narrativa muy dramática (Venezuela, Groenlandia, "secuestros", etc.) que sí está circulando en análisis y opinión, pero no es imprescindible para entender el punto central. Lo clave —y más verificable— es que la competencia se está desplazando hacia contratos, financiación, estándares y control del "midstream" (separación, refinado, metalurgia), y ahí Brasil tiene dos cartas distintas: una promesa grande en tierras raras y una posición muy fuerte en niobio (con actores como CBMM).