Doce años después (en realidad, casi doce: el MH370 desapareció el 8 de marzo de 2014), el caso más desconcertante de la aviación comercial vuelve al tablero con una tercera gran campaña de búsqueda en el Índico sur. El Gobierno de Malasia ha reactivado el acuerdo con Ocean Infinity: un contrato "no find, no fee" que solo paga si aparece el avión, con un techo de hasta 70 millones de dólares.
La nueva operación empezó oficialmente el 30 de diciembre de 2025 y está planteada para 55 días de trabajo efectivo. A diferencia de la macro-búsqueda de la década pasada, el objetivo es un área mucho más acotada —alrededor de 15.000 km²— definida como "zona de mayor probabilidad" por análisis acumulados durante años. Malasia, en su comunicado, insiste en la idea política que sostiene todo esto: ofrecer un cierre a las familias, aunque el océano siga guardándose la última palabra.
La zona "probable" y el rastro satelital
Para entender por qué esa "zona probable" existe, hay que volver al rastro técnico: el avión dejó de verse en radar secundario y, sin embargo, siguió "hablando" de forma indirecta a través de handshakes satelitales analizados con modelos de tiempo y Doppler (BTO/BFO) que dibujaron los famosos arcos de posible posición, incluido el llamado "séptimo arco". La conclusión operativa, ya en informes de la ATSB, fue que el 777 habría seguido volando horas hasta acabar en el Índico sur, aunque la investigación nunca pudo fijar una causa verificable del desvío.
Lo que sí existe es evidencia física fragmentaria: restos que han ido apareciendo en costas e islas del Índico occidental. El hallazgo más icónico fue el flaperón en Reunión, cuya procedencia se confirmó en 2015 por vías oficiales francesas y malasias. Esas piezas alimentaron modelos de deriva oceánica y, a la vez, recordaron lo brutal del reto: puedes tener "migajas" durante años y aun así no saber dónde está el cuerpo principal del avión.
Qué cambia en 2025/2026
También ayuda a poner en escala lo que ya se intentó. La búsqueda internacional liderada por Australia rastreó decenas de miles de kilómetros cuadrados del fondo marino hasta que se suspendió sin resultados concluyentes; después llegó Ocean Infinity en 2018, que igualmente cerró la campaña sin localizar el fuselaje. La diferencia de 2025/2026 no es solo "insistir": es hacerlo con una flota de vehículos submarinos autónomos capaces de mapear con alta resolución y operar hasta 6.000 metros de profundidad, en un relieve que incluye cañones, dorsales y pendientes donde un objetivo puede quedar oculto a pocos metros del sonar.
El punto más incómodo es el del tiempo. Las balizas acústicas de las cajas negras tenían autonomía limitada (semanas, no años), así que aquí la victoria no depende de "escuchar" un pitido, sino de ver: levantar cartografía 3D, identificar anomalías y confirmar con cámaras/inspección.