En la actualidad, es casi imposible encontrar a alguien que no haya estado expuesto a la influencia de Star Wars. Puede que nunca hayas visto una película completa o que no recuerdes el orden exacto de las trilogías, pero imágenes icónicas como la revelación de Darth Vader a Luke Skywalker, la princesa Leia como símbolo de la rebelión galáctica o Grogu, el popular "Baby Yoda", se han convertido en parte del imaginario colectivo global. La huella cultural que George Lucas inició en 1977 se ha extendido durante casi medio siglo, transformándose en un mito moderno más allá de una simple saga cinematográfica.
En este contexto, The Mandalorian y Grogu ya se ha estrenado, marcando el regreso de la licencia a la gran pantalla tras siete años desde el final de la trilogía de secuelas. Este retorno es importante, especialmente tras un periodo convulso para la marca Star Wars, caracterizado por una expansión ambiciosa pero desigual de su universo.
El punto de inflexión llegó en 2012, cuando Lucasfilm dejó de ser propiedad de su creador, George Lucas. La venta de Lucasfilm a The Walt Disney Company en una operación multimillonaria marcó el fin de una era. Lucas, agotado por la presión constante y el desgaste creativo, decidió alejarse del control directo del universo que había creado. En varias entrevistas, ha expresado su hartazgo hacia las críticas y su deseo de dejar atrás la producción de ese tipo de cine a una edad en la que prefería una vida diferente. Desde entonces, no ha vuelto a dirigir.
Disney, por su parte, no tardó en aprovechar el potencial de la adquisición. En poco más de una década, ha impulsado nuevas trilogías cinematográficas y múltiples series que han expandido el canon hasta límites sin precedentes. El resultado ha sido desigual: producciones como Andor han sido aclamadas por su enfoque maduro y su historia, mientras que otras, como El libro de Boba Fett, han tenido un impacto más discreto, mientras que cancelaciones soladas como The Acolyte.
Tras siete años de ausencia en la gran pantalla, desde el estreno de El ascenso de Skywalker, película que clausuró la trilogía de secuelas y que, probablemente, ejemplifica como pocas la división interna del fandom, el regreso al cine se produce en un clima de expectación. La primera entrega fue criticada por su falta de riesgo y su similitud con Una nueva esperanza. La segunda, Los últimos Jedi, dividió al público en dos bandos irreconciliables: para unos, una reinvención audaz; para otros, una ruptura innecesaria con la esencia de la saga. El cierre intentó restablecer el equilibrio, pero generó la sensación de un final condicionado más por la corrección de rumbo que por una visión coherente.
En este contexto de debate constante, el fandom y la industria han seguido intentando descifrar la verdadera visión de su creador. Lucas, en una entrevista concedida con motivo de la Palma de Oro honorífica en Cannes, se refirió indirectamente a la evolución de la saga tras su salida. "Cuando vendí la compañía, dije que tenía una hija, me casé, tenía otra vida… Y sabía que me llevaría otros 10 años hacer esas películas", continúa.
"Y tenía 69 y dije: ‘No voy a estar haciendo esto a los 79, es hora de soltar y dejar que otro lo haga’", confesó en una conversación recogida por That Shelf. El cineasta también recordó su papel activo en el pasado: "Aunque con 'El Imperio contraataca' terminé teniendo que estar en el set todo el tiempo. Pero es como que yo era el único que realmente sabía qué era Star Wars, la Fuerza, nadie la entendía" apuntaba, subrayando su rol casi de arquitecto conceptual incluso cuando otros dirigían bajo su supervisión.
Tras la venta, Lucas reconoció que parte de sus ideas se perdieron en el camino. "Empezaron con otras películas después de que vendí la compañía, y se perdieron un montón de esas ideas que estaban ahí. Pero así son las cosas. Lo sueltas, lo sueltas", resumió con una mezcla de resignación y distancia.
La visión de George Lucas y su versión de Star Wars y las escuelas
Esa tensión entre visión original y evolución corporativa también se refleja en otras declaraciones posteriores. "Hay muchas películas mal hechas que me encantan, y hay muchas películas hermosamente hechas pero no me gustan", llegó a decir sobre el rumbo de la saga, mientras que Bob Iger, CEO de Disney, recogió en su biografía que Lucas consideró El despertar de la Fuerza como una obra sin grandes aportaciones nuevas.
Más allá de las polémicas, Lucas sí había delineado un plan general para sus secuelas: una trilogía centrada en la nueva generación, con Luke reconstruyendo la Orden Jedi, Leia consolidando la Nueva República como Canciller Suprema y elementos más profundos del universo como los Whills o los midiclorianos adquiriendo mayor peso narrativo. Incluso se contemplaba el regreso de figuras como Darth Maul como antagonista principal, ideas que en su mayoría fueron descartadas o reformuladas por la nueva etapa de la saga.
Hoy, con Dave Filoni al frente del nuevo rumbo televisivo y cinematográfico de la saga, y con el propio Lucas cada vez más alejado del foco creativo, aunque con visitas puntuales a rodajes como The Mandalorian, la gran pregunta vuelve a ser la misma: hasta qué punto Star Wars sigue siendo la historia que imaginó su creador original o una galaxia que ya ha aprendido a orbitar sin él.