Un experimento poco convencional acaba de situar al estornino europeo (Sturnus vulgaris) en un lugar inesperado: el de convertirse en una suerte de "disco duro viviente". El músico y divulgador científico Benn Jordan consiguió que uno de estos pájaros memorizara y reprodujera con su canto la codificación sonora de una imagen en formato PNG. Al procesar de nuevo el canto en un espectrograma, los investigadores obtuvieron la ilustración original prácticamente sin pérdidas, demostrando que el ave había almacenado y transmitido más de 170 kilobytes de datos.
¿El futuro del almacenamiento?
La clave de este fenómeno está en la peculiar anatomía de los estorninos. Estas aves poseen una siringe altamente especializada, un órgano fonador que les permite modular sonidos con una precisión y riqueza mucho mayores que otros imitadores famosos como los loros. De ahí que puedan reproducir no solo voces humanas, sino también timbres mecánicos, ruidos ambientales e incluso complejas secuencias acústicas como la que representaba la imagen digital.
Lo llamativo es que el estornino de Jordan no era un ave cualquiera: fue rescatado cuando aún era un polluelo tras haber sido abandonado por sus padres. Creció en un entorno doméstico, aprendiendo por imitación de los humanos que lo rodeaban en lugar de seguir los patrones de canto de su especie. Esa socialización atípica le permitió desarrollar una sensibilidad extraordinaria para replicar sonidos humanos y artificiales, lo que allanó el camino para que pudiera convertirse en "almacén de datos".
Más allá de lo anecdótico, el experimento conecta con un área emergente de la ciencia: la biología como soporte de información. Igual que la investigación en ADN sintético busca almacenar grandes cantidades de datos en moléculas biológicas, este caso con un estornino muestra que, de forma limitada, ciertos animales pueden cumplir un rol análogo. Aunque no se trata de un "almacenamiento estable" ni escalable, ilustra hasta qué punto la naturaleza puede superar los límites de la tecnología cuando se la observa desde otra perspectiva.
El hallazgo también renueva el interés por la cognición de las aves canoras, un campo que lleva décadas desafiando la idea de que la inteligencia está restringida a primates o cetáceos. Estudios en Nature Communications y Science han documentado cómo los estorninos reconocen patrones musicales, aprenden estructuras gramaticales simples y recuerdan secuencias durante largos periodos, habilidades que los sitúan en un nivel cognitivo sorprendente para su tamaño cerebral.
De momento, Jordan bromea con que su estornino "ha transmitido más datos de lo que nunca pudo una paloma mensajera". Sin embargo, el experimento deja una reflexión de fondo: la posibilidad de que el lenguaje natural de los animales pueda servir como vehículo para la información digital. Una idea que suena a ciencia ficción, pero que, al igual que este PNG cantado, ya ha demostrado ser técnicamente posible.