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El objeto que todos tenemos olvidado en un cajón contiene una sorprendente cantidad de oro: '24 kilos por cada millón'

Huelva pondrá en marcha este septiembre una planta pionera en el sur de Europa capaz de recuperar metales preciosos de millones de residuos electrónicos y darles una segunda vida.

Basta con abrir cualquier cajón de casa para encontrar algún dispositivo que lleva años acumulando polvo. Un teléfono móvil antiguo, unos auriculares que dejaron de funcionar o pequeños aparatos electrónicos que ya nadie utiliza pueden parecer simples residuos, pero esconden materiales de gran valor. Entre ellos se encuentra el oro, utilizado en determinados componentes gracias a sus propiedades conductoras y a su resistencia frente a la corrosión.

El objeto que todos tenemos olvidado en un cajón contiene una sorprendente cantidad de oro: '24 kilos por cada millón'

La dimensión de este fenómeno resulta especialmente llamativa cuando se traslada a grandes cantidades. Ruediger Kuehr, profesor de la Universidad de Limerick, en Irlanda, y responsable en Alemania de Scycle, la oficina de Naciones Unidas especializada en residuos electrónicos, ha señalado que una tonelada de teléfonos móviles desechados puede contener más oro que una tonelada de mineral extraído directamente de una mina. Sus estimaciones apuntan a que de un millón de teléfonos antiguos podrían recuperarse alrededor de 24 kilogramos de oro, además de cantidades importantes de plata y cobre.

El problema es que gran parte de estos recursos termina perdiéndose. La basura electrónica se ha convertido en uno de los grandes retos medioambientales del planeta y los sistemas de reciclaje todavía no consiguen aprovechar todo su potencial. El Global E-waste Monitor advierte de que la generación de residuos electrónicos continúa creciendo debido al aumento del consumo, la renovación constante de los dispositivos y una vida útil cada vez más reducida.

Cada aparato que termina en un vertedero representa, por tanto, una oportunidad perdida. Recuperar esos materiales permitiría devolverlos a la cadena industrial y reducir la necesidad de extraer nuevas materias primas mediante actividades mineras, que requieren enormes cantidades de energía y recursos.

Aunque el oro es el metal que más llama la atención, el cobre tiene un papel todavía más relevante para la industria tecnológica. Su extraordinaria capacidad para conducir la electricidad lo convierte en un material imprescindible para vehículos eléctricos, redes energéticas y sistemas relacionados con las energías renovables.

La electrificación de la economía está disparando su demanda, mientras la capacidad mundial para recuperar cobre procedente de residuos electrónicos sigue siendo limitada. De ahí que iniciativas capaces de transformar esta basura en nuevas materias primas estén ganando importancia estratégica. En España, uno de los proyectos más ambiciosos en este campo es CirCular, impulsado por Atlantic Copper en Huelva. La compañía ha destinado alrededor de 550 millones de euros a una instalación diseñada para recuperar metales procedentes de residuos electrónicos y devolverlos al ciclo productivo.

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El proceso requiere tecnología especializada. Los aparatos, previamente seleccionados por gestores autorizados, contienen una compleja combinación de plásticos, metales y otros materiales. Tras su tratamiento, trituración y fundición, es posible recuperar elementos como cobre, oro, plata, paladio, platino y níquel.

La instalación tendrá capacidad para procesar unas 60.000 toneladas de residuos electrónicos al año. Además, la compañía sostiene que su proceso permitirá reducir aproximadamente a la mitad el consumo energético asociado a la obtención de estas materias primas frente a la minería tradicional.

El proyecto representa así una nueva forma de entender los residuos: no como basura sin utilidad, sino como una reserva de recursos que ya han sido extraídos. Ese móvil olvidado durante años en un cajón quizá apenas tenga valor por separado, pero millones de dispositivos juntos pueden convertirse en una auténtica mina urbana. La clave estará en conseguir que esos metales no terminen enterrados, sino que regresen a la industria para comenzar una nueva vida.