Estados Unidos e Irán vuelven a encontrarse en un peligroso juego de tensión que amenaza con reconfigurar Oriente Medio. En un nuevo paso de la política exterior de Donald Trump, Washington ha levantado una red de bases aéreas, portaaviones, bombarderos estratégicos y sistemas antimisiles alrededor del Golfo Pérsico, mientras Teherán advierte que cualquier intento de derrocar a los ayatolás desataría una lluvia de misiles y drones capaz de abrumar las defensas y sumir a la región en una nueva espiral de violencia.
EE.UU amenaza a Irán: Trump sopesa la idea de la guerra con misiles, portaaviones y bases estratégicas en Oriente
Actualmente, EE.UU. mantiene presencia en al menos 19 puntos estratégicos, ocho de ellos bases permanentes que funcionan como piezas de un tablero geopolítico. Desde la base aérea de Al Udeid en Qatar, el Pentágono coordina todas las operaciones aéreas en la región, cubriendo Medio Oriente, Asia Central y partes de África.
En Bahréin, la Quinta Flota proyecta fuerza naval sobre el Golfo, el Mar Rojo y el Océano Índico, con destructores, cruceros y submarinos listos para actuar. Kuwait y Arabia Saudita aportan logística y defensa aérea, mientras que Emiratos Árabes Unidos ofrece plataformas avanzadas de observación y ataque con drones.
Pero no todo se limita a lo terrestre. Los portaaviones como el USS Abraham Lincoln, acompañados de escoltas y submarinos con misiles de crucero, amplían dramáticamente la capacidad de acción estadounidense. Los bombarderos B-2 Spirit, capaces de lanzar bombas antibúnker a cientos de kilómetros de distancia, completan un arsenal pensado para incapacitar al régimen iraní mientras mantiene recursos fuera del alcance inmediato de represalias.
El riesgo de escalada es evidente. Tras los lanzamientos masivos de misiles por Irán contra Israel en 2025, cualquier ataque directo a Teherán podría multiplicar los misiles y drones disparados hacia aliados regionales y bases estadounidenses. Sistemas como Patriot y Tads son esenciales para absorber el primer golpe y proteger infraestructuras críticas.
Sin embargo, derribar un régimen es solo el primer paso; reemplazarlo es otro desafío. El precedente de Irak en 2003 demuestra que vacíos de poder alimentan caos y extremismo. En Irán, la oposición está fragmentada, ahora más que nunca, y cualquier intento de instaurar un liderazgo alternativo se enfrenta a profundas divisiones históricas. La confrontación entre Estados Unidos e Irán no solo mide fuerzas militares; determina el futuro de más de 80 millones de personas y la estabilidad de toda una región marcada por décadas de conflicto.