Una nueva hipótesis, tan provocadora como rigurosamente fundamentada, acaba de irrumpir en el escenario cosmológico: la posibilidad de que la Tierra —y con ella toda la Vía Láctea— esté atrapada en un inmenso vacío de más de 2.000 millones de años luz de diámetro, un entorno 20% menos denso que el promedio del universo. Así lo ha expuesto el astrónomo Indranil Banik, de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), durante la Reunión Nacional de Astronomía de la Royal Astronomical Society celebrada en Durham.
Este "agujero" cósmico no sería un vacío absoluto, sino una región escasamente poblada por galaxias, materia y energía. Lo revolucionario es que, según Banik y su equipo, este entorno local podría explicar una de las tensiones más persistentes y desconcertantes de la cosmología contemporánea: la discrepancia en la tasa de expansión del universo, conocida como Hubble tension.
El problema: ¿a qué velocidad se expande el universo?
Los científicos llevan años discutiendo por qué existen dos velocidades aparentemente incompatibles:
- 67 km/s/Mpc: según los modelos basados en la radiación de fondo de microondas (CMB), la luz más antigua del universo, emitida unos 380.000 años después del Big Bang.
- 73,2 km/s/Mpc: obtenida mediante observaciones de estrellas variables Cefeidas y supernovas en galaxias cercanas.
Una diferencia de 6 km/s/Mpc puede parecer insignificante, pero es suficiente para hacer tambalear el modelo estándar de cosmología. De hecho, ya se han propuesto hipótesis radicales como modificar la constante cosmológica, eliminar la energía oscura o replantear la geometría del universo.
La solución: vivimos en una burbuja menos densa
Banik propone una alternativa más sencilla: no vivimos en una zona típica del universo. Su modelo sugiere que nuestra galaxia se sitúa casi en el centro de un vacío cósmico. Esta distribución asimétrica haría que la materia que nos rodea se moviera con mayor rapidez, provocando una expansión local más rápida que en otras zonas del cosmos más densas.
Esto encajaría con observaciones anteriores: desde los años 90, varios estudios sugieren que nuestro entorno galáctico es inusualmente poco denso. Algunos investigadores ya lo habían bautizado como "el agujero local" o "vacío KBC", por las iniciales de los científicos Keenan, Barger y Cowie.
¿Qué pruebas respaldan esta idea?
Para sostener su hipótesis, el equipo de Banik analizó dos décadas de datos sobre las oscilaciones acústicas de bariones (BAO), una suerte de "ecos congelados" del Big Bang que fijaron la estructura a gran escala del universo. Estas ondas son como reglas cósmicas: su tamaño conocido permite medir distancias y tasas de expansión.
Los resultados fueron sorprendentes: es 100 veces más probable que vivamos en un vacío que en una región de densidad media, según los modelos generados por el equipo.
Consecuencias: ¿y si el universo no es tan uniforme?
De confirmarse esta teoría, habría que replantear uno de los supuestos más fundamentales del modelo cosmológico: el principio cosmológico, que asume que la materia está uniformemente distribuida a gran escala.
Este hallazgo también tendría implicaciones para:
- La edad real del universo
- El comportamiento de la energía oscura
- La interpretación de los datos del telescopio James Webb
- La planificación de futuras misiones espaciales de gran escala
- Además, supondría un giro filosófico: tras décadas de decirnos que no ocupamos un lugar especial en el universo, podría ser que estuviéramos, al contrario, en una región única por su aislamiento.
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