Brasil está construyendo una infraestructura que parece sacada de una novela de ingeniería, cientos de kilómetros de canales destinados a transportar agua desde una de las grandes arterias fluviales del país hasta algunas de las regiones que más sufren la escasez. El objetivo es ambicioso: llevar agua a millones de personas en el nordeste brasileño y reducir la dependencia de unas precipitaciones que, en esta zona, pueden ser extremadamente irregulares.
La pieza central de este gigantesco proyecto es el llamado Cinturón del Agua, una infraestructura diseñada para trasladar recursos procedentes del río San Francisco hasta el estado de Ceará. Allí, la combinación de altas temperaturas, periodos prolongados de sequía y una disponibilidad de agua muy desigual ha convertido el suministro en uno de los grandes desafíos para las autoridades.
Brasil está construyendo un ‘río de hormigón’ de 145 kilómetros que podría acabar con la sequía para millones de personas para 2040.
Las obras comenzaron en 2013 y plantean una compleja red hidráulica de unos 145 kilómetros formada por canales de hormigón, túneles, sifones y grandes conducciones. Por ella circulará agua procedente del río San Francisco, uno de los principales cursos fluviales de Brasil y uno de los más importantes de Sudamérica.
La idea resulta sencilla sobre el papel, pero ejecutarla supone enfrentarse a una geografía complicada. El agua debe atravesar diferentes accidentes del terreno y salvar zonas montañosas sin depender constantemente de estaciones de bombeo. Para conseguirlo, buena parte del trazado aprovecha la pendiente natural del terreno y utiliza la propia gravedad para facilitar el desplazamiento del agua.
Cuando alcance su capacidad prevista, el sistema podrá transportar alrededor de 30 metros cúbicos de agua por segundo. El recurso se distribuirá por diferentes áreas de Ceará y permitirá reforzar el abastecimiento de núcleos urbanos y zonas agrícolas, incluida el área de influencia de Fortaleza, una de las grandes ciudades del nordeste brasileño.
La infraestructura no pretende únicamente garantizar agua potable. También forma parte de una estrategia más amplia para proporcionar mayor estabilidad a una región donde la disponibilidad de recursos hídricos condiciona directamente el crecimiento de las ciudades, la agricultura y numerosas actividades económicas.
El Cinturón del Agua se encuentra ya en su tramo final, con alrededor del 92 % de las obras completadas. Sin embargo, su importancia va mucho más allá de los kilómetros de canales que se están construyendo actualmente.
Brasil trabaja con una perspectiva todavía más ambiciosa. El objetivo a largo plazo contempla crear una red de aproximadamente 1300 kilómetros de canales capaz de redistribuir agua por diferentes zonas del interior del país. La intención es conectar infraestructuras hidráulicas y ampliar progresivamente la capacidad de transporte de agua hacia regiones especialmente vulnerables a la sequía.
El proyecto brasileño también tiene un referente internacional. China lleva décadas desarrollando el gigantesco Proyecto de Transferencia de Agua Sur-Norte, una infraestructura concebida para trasladar agua desde las regiones más húmedas del país hacia las zonas septentrionales con mayor escasez. Su red supera los 4.300 kilómetros y se ha convertido en uno de los proyectos hidráulicos más colosales jamás construidos.
Brasil busca adaptar esa filosofía a sus propias necesidades. El reto no consiste simplemente en construir canales, sino en transformar la manera en la que se distribuye un recurso cada vez más estratégico.
En el nordeste brasileño, donde la sequía puede determinar el futuro de comunidades enteras, esta enorme red de hormigón pretende convertir el agua en algo menos dependiente del azar climático. Una obra faraónica cuyo verdadero resultado se medirá cuando millones de personas puedan abrir un grifo y comprobar que, esta vez, el agua ha llegado hasta allí.