En un rincón de Vaca Muerta más asociado a la energía que al campo, un productor de Argentina ha logrado una pequeña "herejía" comercial: colocar aceite de oliva en España, el país que domina el sector por volumen, cultura gastronómica y músculo exportador. La frase con la que lo describen —"como venderles chocolates a los suizos"— no es solo efectista: resume lo difícil que es entrar en un mercado que no solo produce mucho, sino que además se considera referencia.
El proyecto que firma el hito es Servicios Neuquinos (SeNeu): empezó con 1,2 hectáreas y ha crecido hasta unas 80, con variedades "de liga grande" (Arbequina, Arbosana y Picual). Según la información publicada, su manejo agronómico —plantaciones intensivas en espaldera, controles de fertilización y un trabajo muy afinado de cosecha— les permite rendimientos de hasta 25 toneladas por hectárea, cifras que compiten con zonas tradicionales.
Un aceite "de desierto" con lógica de laboratorio
Lo interesante es que la Patagonia no juega el mismo partido climático que el Mediterráneo, y aun así saca ventaja: entorno seco, vientos y heladas obligan a ser quirúrgico con riego, calendario y estrés de la planta. En esa ecuación, el aceite resultante se vende por dos conceptos muy "químicos" que el consumidor nota sin saberlo: estabilidad (aguanta mejor el tiempo y el transporte) y un perfil con polifenoles altos, asociados a mayor resistencia a la oxidación.
Esa mención a los polifenoles no es un adorno: en Europa existe una alegación de salud autorizada para polifenoles del aceite de oliva —vinculada a hidroxitirisol y derivados— bajo condiciones concretas de contenido y consumo. No significa que "más polifenoles" conviertan cualquier aceite en medicina, pero sí que la industria usa ese parámetro como pista de calidad tecnológica (vida útil, amargor/picor, perfil sensorial) y como argumento de valor.
Cuando incluso el líder compra fuera
Que un aceite argentino termine en España también tiene lectura de mercado: incluso los líderes importan cuando aprieta la disponibilidad o cuando conviene para mezclas industriales. De hecho, datos de comercio internacional para 2024 muestran que España importó aceite de oliva virgen desde varios orígenes, incluyendo Argentina, con volúmenes nada despreciables en el contexto de un mercado tensionado.
Y todo esto ocurre mientras el olivar español vuelve a mirar al cielo con preocupación. En febrero de 2026, borrascas como Marta han provocado inundaciones y daños agrícolas en el sur, con imágenes de campos anegados en la provincia de Córdoba que recuerdan lo frágil que puede ser la campaña cuando el clima se sale del guion.