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Alec Deane (70), ingeniero agrónomo, sobre la escasez de agua en el campo: 'Necesitamos más apoyo'

Cuando faltan infraestructuras básicas, cualquier plan de vida se vuelve frágil.

En el Chaco salteño, en el noreste de Argentina, donde el calor aprieta y las distancias se miden en horas de ripio, el agua no es un "servicio": es la frontera entre quedarse o irse. Alec Deane, ingeniero agrónomo de 70 años, lo resume sin épica innecesaria: "Hemos construido más de 102 pozos… algunas empresas ayudan, pero necesitamos más". Lleva casi medio siglo trabajando en el norte de Argentina, encadenando perforación tras perforación para que comunidades enteras no dependan de un camión que llega tarde —o no llega—.

Deane canaliza ese trabajo a través de la Fundación Siwok, que opera junto a pueblos originarios —especialmente comunidades wichí— con una idea práctica: infraestructura que se pueda sostener desde el territorio. En su propio planteamiento, los pozos comunitarios "autogestionados" no sirven solo para beber, sino también para higienizarse y producir, porque el agua es salud, pero también es posibilidad de trabajo cuando todo alrededor empuja a la precariedad, tal y como informa AS.

Una cifra que implica mantenimiento

La cifra de "102" no es un titular inflado: aparece vinculada a años de obra en condiciones difíciles, con apoyos puntuales y una realidad que no se arregla con un acto institucional. En entrevistas recogidas por prensa argentina, Deane explica que el desafío no es solo perforar, sino hacerlo donde el agua sea realmente utilizable, con logística, materiales, mantenimiento y acuerdos con las familias para que el pozo no sea una promesa, sino un sistema que funcione.

Esa urgencia local conecta con un problema global: el acceso a agua potable segura sigue lejos de estar garantizado para millones de personas. El último balance del programa conjunto OMS/UNICEF (JMP) advierte de que una parte enorme de la población mundial todavía no cuenta con servicios de agua gestionados de forma segura, y que la brecha es especialmente dura en zonas rurales y comunidades vulnerables. En ese mapa, proyectos como los de Siwok no "sustituyen" políticas públicas, pero sí tapan agujeros que hoy siguen abiertos.

Agua y autonomía en la misma ecuación

Además, el trabajo no se queda en el pozo: Siwok integra agua con producción de alimentos y capacitación, porque la autonomía no se construye con una única intervención. La fundación describe programas paralelos de agricultura (huertas, invernaderos) y educación en lengua wichí para que el conocimiento se asiente en la comunidad y no dependa siempre de agentes externos.

Investigaciones académicas sobre el Chaco salteño han descrito precisamente esas limitaciones estructurales en el acceso a servicios esenciales, que condicionan la salud y el desarrollo cotidiano. Por eso la frase de Deane —"necesitamos más"— no suena a campaña: es una llamada a sumar recursos (públicos y privados) a una tarea que, en muchos parajes, todavía decide si un lugar puede seguir habitado.