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Adiós a la construcción tradicional: edificios 'prefabricados' se apilan como bloques y Asia acelera su regularización

La construcción modular a gran escala convierte las obras en auténticas fábricas en vertical, integrando diseño, logística y producción bajo las normativas oficiales de Singapur.

En Singapur, la construcción de algunos edificios ha adoptado un enfoque innovador que traslada gran parte del proceso de construcción a un entorno industrial controlado. En lugar de construir las estructuras completamente en el lugar de obra, se fabrican módulos tridimensionales en una fábrica y luego se transportan al sitio para su instalación. Las grúas levantan y encajan estos módulos en la estructura existente, lo que reduce la necesidad de realizar muchas etapas tradicionales de construcción en el lugar.

Este método, conocido como Construcción Volumétrica Prefabricada y Preacabada (PPVC), está formalmente reconocido en las directrices de la Autoridad de Edificación y Construcción (BCA), el organismo público que regula y desarrolla el sector de la construcción en Singapur. ¿Llegará a Occidente o España?

Modular y regulado: cómo los edificios enteros se ensamblan y ya tienen marco legal

Según la BCA (Building and Construction Authority de Singapur), el PPVC (Prefabricated Pre-finished Volumetric Construction) consiste en fabricar módulos tridimensionales independientes que ya incluyen gran parte de los acabados interiores, como puertas, sanitarios, revestimientos, accesorios y componentes de instalación. Una vez producidos, estos módulos se transportan al emplazamiento, donde la obra se centra en levantar, posicionar, conectar las unidades y sellar juntas. La mayor parte de la instalación de servicios e interiores se realiza en la fábrica, lo que reduce considerablemente el tiempo y los costes en obra.

A diferencia de los sistemas prefabricados tradicionales, que requieren completar muchos acabados y sistemas en obra, los módulos PPVC se entregan como espacios casi terminados, incluyendo suelo, paredes, techos y parte de la infraestructura eléctrica e hidráulica ya instalada. Esto exige que los proyectos se planifiquen desde el principio con un enfoque de Diseño para Fabricación y Montaje (DfMA, por sus siglas en inglés), integrando diseño, logística y fabricación de forma coordinada.

En Singapur, la BCA ofrece un marco regulatorio completo, con guías detalladas sobre estandarización, logística, tolerancias y procedimientos de ensamblaje. Los módulos deben cumplir dimensiones compatibles con el transporte y la elevación, y sus interfaces deben encajar con precisión. Cualquier ajuste posterior puede retrasar el cronograma y aumentar los costes finales. El control de calidad comienza en la fábrica, donde las condiciones son más estables que en obra, lo que minimiza los riesgos asociados al clima o la disponibilidad de equipos. En el sitio, se realiza el ensamblaje, que incluye levantamiento, alineación estructural, integración de instalaciones, sellado de juntas y pruebas de estanqueidad.

En Europa, el PPVC está regulado por la Directiva Europea de Productos de Construcción (UE) 305/2011, que exige que todos los productos de construcción, incluidos los módulos prefabricados, cumplan con los requisitos esenciales de seguridad, salubridad y eficiencia energética, y se acompañen del Marcado CE. En España, estas directrices se concretan en el Código Técnico de la Edificación (CTE), que regula aspectos estructurales, de seguridad frente al fuego, instalaciones y eficiencia energética. Adaptar el PPVC a la normativa española requiere que los módulos cumplan con las tolerancias dimensionales del CTE, las condiciones de resistencia estructural y los sistemas de control de calidad equivalentes a los exigidos en Singapur, incorporando además la documentación técnica necesaria para la certificación CE.

La adopción del PPVC forma parte de un esfuerzo por modernizar la construcción, incorporando productividad, digitalización e industrialización

Aunque el PPVC se asocia popularmente con "apilar cajas", su ejecución exige una planificación meticulosa. Cada entrega, secuencia de montaje y coordinación urbana debe estudiarse con detalle. La alineación precisa de puertas, huecos y pasillos técnicos es crucial, ya que cualquier error puede generar retrabajo y afectar la operatividad del edificio.

Un ejemplo notable es el proyecto Clement Canopy en Singapur, con una superficie bruta de 50.200 m² y 505 unidades distribuidas en dos torres de 40 plantas. Este proyecto requirió la utilización de 1.899 módulos volumétricos, lo que demuestra la escala y precisión que exige esta tecnología.

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La adopción del PPVC forma parte de un esfuerzo por modernizar la construcción, incorporando productividad, digitalización e industrialización. La formación profesional es fundamental: la BCA ofrece cursos sobre supervisión, control de calidad y coordinación de montajes. Este modelo traslada gran parte de la ejecución a la fábrica, mientras que la obra se centra en el montaje e integración, alterando la secuencia tradicional de construcción pero respetando los estándares de seguridad y las normativas locales. Esto consolida al PPVC como una tecnología regulada y fiable dentro del sector.